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ANAQUEL
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Actualizado: Martes, Junio 11, 2024
   
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Anaquel

ANAQUEL DE TEMAS PUBLICADOS

 
SUBLIMACIÓN
 
 

Los primeros años de la vida transcurren entre la inocencia que nos hace ver el mundo con matices maravillosos, los mejores colores de la vida están presentes entonces... Me pregunto, ¿sabemos acaso, el por qué de todo esto edénico? Y me respondo, porque aún dentro nuestro no ha sido plantada la semilla del "mal". El cultivo de la semilla del "mal" vendrá luego, de esto se encargarán aquellas personas que nos rodean en el entorno cercano y lejano.

Es el momento de entender que las manifestaciones de violencia, odio, revancha, ira, chisme... y la gran variedad de otros elementos psicológicos defectuosos que cargamos dentro, convierten nuestra vida en un infierno. Somos un problema para nosotros y para los demás. En mayor o en menor grado, todos nos torturamos mutuamente.

Las manifestaciones defectuosas, de las que estamos hablando, provienen de nuestra mente, un punto neurálgico múltiple de donde brotan todos nuestros "dolores" y "gritos".

Nuestra mente está desnaturalizada, se ha desarrollado en ella el "mal". Aquello que ha enfermado nuestra mente, tiene un origen no diferente que el producido por una bacteria patógena o por un peligroso virus en un cuerpo orgánico. Analizando la acción de los virus o de otros microorganismos causantes de enfermedades dentro del organismo físico vivo, encontramos que no hay diferencia con lo causado dentro del cuerpo psicológico de una persona, causan dolor y sufrimiento, propio y ajeno. Es importante tener en cuenta que no solamente somos criaturas que poseemos un cuerpo físico, sino que tambien tenemos un complejo cuerpo sutil, el asiento de nuestras vivencias psicológicas.

La vida diaria, el contacto permanente con nuestros semejantes, nos ha dado, a cada uno de los que habitamos este planeta, ciertas características psicológicas que compartimos habitualmente. En algún momento de la vida, estos aspectos han tenido que ser introducidos en nuestro mundo psicológico; generalmente esto sucede de manera imperceptible, subcoscientemente, sin quererlo voluntariamente. Estos aspectos, son sin duda perjudiciales en su gran mayoría, pues de no ser así, viviríamos en un mundo lleno de armonía, en un paraíso bíblico.

El individuo hace a la sociedad. La acción de los microbios psicológicos, una forma de referirme a lo causado por los defectos psicológicos, llegan poco a poco. Alguién nos lo imbuye de manera sutil, un contagio que lentamente se va acentuando dentro nuestro y se manifiesta como respuesta ante un estímulo externo determinado. El inocente niño, se transforma en un adulto lleno de dolores, iracundo, renegón, insultador, chismoso, vengativo, miedoso, desconfiado... y una larga lista de otras formas de actuar totalmente enfermizas.

Somos el reflejo de lo que tenemos en nuestro interior, si muy adentro nuestro tenemos el "microbio" del odio, en cualquier momento este aflorará a la superficie y toda su acción delictuosa se pondrá de manifiesto. De existir un permanente estímulo de este defecto, sin duda que más tarde se podrá tener unos resultador aterradores, de esto no hay la menor duda. Este párrafo, cabe concluir, con que vivimos en un mundo donde se da mucho alimento a este "microbio".

Es importante tener en cuenta que nuestras dolencias psicológicas contagian, una persona iracunda, hace de otras también iracunda. Una persona envidiosa crea símiles a ella, y una persona lujuriosa tendrá prosélitos semejantes.

El hogar donde nacemos, es el primer lugar donde nos ponemos en contacto con la realidad del mundo. Nuestros padres son las primeras personas en entregarnos toda la sanidad o toda la enfermedad que ellos ya tienen. Esta sanidad o enfermedad, empieza en en el vientre materno, aunque si nos prolongamos un poco más allá de la etapa fetal, encontraremos que está presente desde generaciones atrás.

¿Cuándo, en el pasado ancestral, se han introducido dentro nuestro aquello que nos convierte en criaturas dolientes? Ya desde los primeros tiempos de la historia la vida alberga pesadumbres, es por eso que los libros sagrados de la humanidad han sido escritos para mitigar nuestras penas y es posible que sus textos logren estimularnos para curar nuestros dolores, cabe vivir sus consejos. Los escritores de estos libros, por las trazas, han sido grandes estudiosos de la psiquis humana, eximios psicoanalístas, trascendentes psiquiatras, como de los que todavía no hay en el ambiente académico de nuestros días. Haciendo un análisis concienzudo de estos libros veremos que dentro de su aparente lenguaje mitológico se esconden de manera cifrada trascendentales conceptos de la más alta psicología humana, de los inicios y del aniquilamiento de la razón de ser de nuestros dolores y gritos.

El cielo o el infierno, no se encuentran en ningún otro lugar que no sea dentro de la persona, dentro del individuo humano, aquí y ahora. Imaginemos a dos personas en un lugar cualquiera, uno junto a la otra; una de ellas sumida dentro de pensamientos de odio, de revancha, de iracundia, de insulto..., y otra con pensamientos de calma, de perdón, de sinceridad, de comprensión, de amor... Tengo la absoluta seguridad que esta segunda persona habita en una mansión celestial y aquella primera en un afiebrado infierno.

Pero existe la certeza de una cura, de una forma de remisión de todos los efectos desastrosos de los defectos psicológicos. Los libros sagrados nos lo afirman, repito que estos contienen las maestras afirmaciones de psiquiatras trascendentales. Así cómo existe una terapia física para las enfermedades físicas, existe una terapia apropiada para las enfermedades psíquicas o psicológicas.

Es el momento de dar una mirada a nuestro interior. Es el momento de buscar respuestas en nuestro interior. Aquí están los cielos y los paraísos que los antiguos han descrito con tanta profusión. ¿Cuántos de nosotros vivimos en un eden? ¿Cuántos en un infierno? Muchos de nosotros hemos permitido que todas las plagas enviadas para castigar al faraón bíblico, marquen con hierro candente nuestra psiquis. Toda la desolación del Apocalipsis ha oscurecido nuestra razón y no lo notamos, los sentimos "naturales". La Biblia nos dice que en vez de que las plagas de egipto y el apocalipsis se ensañen con nosotros, con nuestra psíquis, nosotros debemos llevar voluntariamente hasta allí, estas plagas y el apocalipsis para aniquilar a los monstruosos habitantes que allí conviven, para liberar lo mejor que tenemos allí adentro, es imprescindible quitar los grillos que atan a nuestra verdadera esencia...

Prácticamente casi todos los problemas humanos, por no decir todos, se deben a la sexualidad que manejamos e inculcamos nosotros los que habitamos este planeta al que llamamos Tierra. El ejemplo y los conceptos con el que se nos educa y educamos, desde que nacemos hasta que morimos, posee la firma dolorosa con la que está escrita uno de círculos dantescos más dolorosos.

Es necesario comprender que somos seres en un cien por ciento sexuales, todo lo demás parte de aquí. Si nuestra sexualidad estuviera bien orientada, la humanidad viviría en un edén, esto es obvio. Todas las plagas que deberían castigar a los humanos ya están sueltas y nosotros mismos los hemos creado, no ha habido la necesidad de un dios iracundo que nos lo inbuya.

Cuando empecemos a considerar que cada uno de nosotros, en mayor o menor grado, contribuye con hacer más difícil nuestra situación vivencial sobre el planeta, será el inicio del cambio. Es el momento de dejar de echar la culpa a los demás, es el momento de acusarnos a sí mismos de nuestros problemas.

La sexualidad humana está manejada por personas que nada saben de sí mismas. Estas personas observan en los demás el funcionamiento de la sexualidad humana, pero no lo observan dentro de sí mismas o si la observan dentro de sí mismas lo observan con los conceptos que son parte de todo un círculo vicioso heredado.

"Esto está comprobado y esto no está comprobado", suelen ser las palabras más usadas por los apóstoles de la ciencia de hoy, ¿Es que no nos damos cuenta que los hechos indican lo contrario? La ciencia, con respecto a la sexualidad, ayer decía una cosa y hoy dice una cosa diferente con respecto a una misma cosa y con seguridad que mañana dirá otra cosa. ¿Entonces, a quienes dar crédito? ¿Fueron exactos los conceptos de ayer? ¿Atinan ahora? ¿Acertarán en el futuro?

La ciencia, enfocando al aspecto sexual en el Homo sapiens, afirma que todos sus estudios están bien encaminados y lo que ella diga es ley. Si cada uno de ellos se pusiera a estudiar al bichito ese de la lujuria, con un enfoque diferente, dentro de sí mismos, se darían cuenta que este bichito en realidad es un monstruo; un monstruo en cuya cabeza anidan muchas otras cabezas.

Lo cierto es que, apóstoles de la ciencia y no apóstoles, sufren de todas las plagas apocalípticas en su propio cuerpo y en su propia psíquis. Lo sexual los atormenta, los confunde y los enloquece... y ¡todo esta bien! ¡No hay limitaciones, si tú crees que está bien lo que haces, está bien! ¡La lujuria es un concepto inventado por las religiones! ¡Yo solo conozco deseo y pasión, y no lujuria!

Pese a todos los consejos de los consejeros sexuales, los problemas humanos aumentan y lo peor, para aliviar estos problemas utilizan medios que al final acaban incrementando estos problemas, usemos una pildorita para evitarnos esto o aquello, en vez de enfrentarnos cara a cara contra la medusa y sus múltiples cabezas de serpiente. Preferimos adorar a la bestia de nuestro interior en vez de combatirla.

La lujuria, la cabeza de legión de cuánto conocemos, hoy por hoy es una señora muy respetada. La hemos vestido con un sinnúmero de atuendos y la hemos apodado con un sin fin de nombres agradables y algunos, repito, hasta la adoramos.

 
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La naturaleza, en sí, es nuestra propia naturaleza. Todo lo que vemos en nuestro entorno cercano y en el lejano, lo tenemos dentro nuestro. Sí en nuestro interior hay miedos y dolores, allá afuera, pondremos de nuestra parte destrucción y muerte. Un interior lleno de amor y cordura, entregará paz y salud.
 
Cada acontecimiento nuestro no es otra cosa que Filosofía que se escribe constantemente gracias a aquella fuerza permananente que nos empuja a actuar, fuerza a la que llamamos vida. Todo lo colocado sobre la superficie del planeta en que vivimos actúa de acuerdo a las lineas escritas desde un principio por la genial mano de la vida. Además, podemos añadir, aquí en este libro de la vida, algunos versos propios, versos que pueden fluir líbremente como el agua; allá calmará la sed o se convertirá en la atmósfera que respirarán otros seres vivos. Es posible desmenuzar estos versos, pulverizarlos en pigmentos y con ellos untar sublimes telas.
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