Dibujar, ¡ah, ese poema de trazos con versos intuitivos! Los detalles vienen en oleadas pasajeras que si no se apuntan en un papel, se perderán para siempre. Su remplazo podrá ser diferente pero no carente de genialidad.
Tomar un lápiz o algo que tenga la misma utilidad convierte al animal con intelecto en un manantial de arquetipos reunidos en su interior. De allí adentro saldrá el amor o el odio... con cuerpo y alma. Un dibujo mata o da vida, depende de quien provenga. Nuestras obras hablan de espantosas luchas internas, aquí combaten dioses y demonios en busca de una supremacía; en el pasado y en el presente estas luchas son permanentes, ayer fuimos más intuitivos hoy pensamos más, pero nuestras manifestaciones internas son las mismas y las hacemos evidentes, las máscaras que nos colocamos no esconden estas realidades.
Un resumen de estos terribles encuentros de fuerzas opuestas, nos llevará a concluir que el asiento de estas son nada menos que nuestros órganos sexuales. Allí en esas profundidades de nuestra anatomía, ambientadas por una atmósfera filosófica, tiene su asiento nuestra sexualidad, un ambiente donde ángeles y demonios buscan nuestra redención o nuestra perdición. Si se imponen las fuerzas luminosas entonces estas se difundirán hasta el cerebro limpiándolo, convirtiéndolo en una fuente de luz, si ocurriera lo contrario, entonces el cerebro se llenará de sombras con el color de la locura.
Todo es posible para el alquimista, para aquel que ha conseguido fabricarse cuerpos de oro internos a cambio de los de plomo. La luna ha sido transmutada, el sol la ha remplazado. La oscuridad lunar ha quedado atrás y el sol brilla con toda su intensidad y propicia la vida. Todo alquimista tiene la vitalidad de crear verdaderamente. |