Lo más temprano, para mí, hoy, tal como lo fue ayer y tal como lo fue hace dos años aproximadamente, es esta hora, muy cerca del mediodía, la hora de dejar la cama.
Me acosté aproximadamente a las tres de la mañana.
Años antes, hubo momentos en que me levantaba un poco antes de las cinco de la mañana, mucho antes que el sol atisbe por la linea del horizonte. Aún a oscuras, con las tinieblas de la noche imperando en todas las direcciones, salía yo, entonces, a trotar por los alrededores de la ciudad. Entonces me iba a la cama ocho horas antes, o sea a las nueve de la noche.
Sé que el año que viene, la hora de acostarme y levantarme será diferente. Mi vida no se rige por los cánones de la vida laboral ordinaria, ni por ninguno otro... salvo por mi ritmo biológico, levemente modificado dadas las circunstancias presentes de mi actividad diaria.
Aún, sin abandonar mi cómodo lecho, veo en lo hondo de mí, una luz dinámica que fluye en la base de mi columna vertebral. Esa luz, luego, sube hasta mi cerebro y tan enseguida desciende hasta mi corazón. Esta dinámica de transmutación de energía interna mía, la inicié con un agradecimiento sincero al Arquitecto y Constructor de la vida; es parte de un ejercicio que hago cotidianamente desde mucho... mucho tiempo atrás. Este y todos los pasos que conforman este complejo, y sencillo a la vez, ejercicio tiene una realidad imposible de ser vislumbrada por alguien ajeno a tales prácticas.
Mucho se ha hablado de la meditación, y quienes lo ponen en práctica saben exactamente lo maravilloso de sus efectos en la vida diaria. Algo, que para un principiante empieza con unos pocos minutos, con los días se va abarcando un mayor tiempo hasta que finalmente se supera la hora ordinaria. Para conseguir sus verdaderos efectos es imprescindible utilizar, por lo menos, una hora al día.
La aplicación de la meditación es vasta, y lo más trascendente se manifiesta a ojos vista cuando una persona la utiliza para producir transformaciones en su propio interior. ¿Un defecto psicológico, un trauma, una fobia?, con esta poderosa herramienta es simple arcilla modificable.
Rafy, descansa en un rincón de la alcoba, es uno de esos descencientes de ancestrales lobos familiarizados con los seres humanos. Con el comparto muchas horas del día en una feliz convivencia. Y para un momento como este, de meditación, su cuerpo radia palpitando con la vida que posee. Él sabe que medito, y sabe que es un momento que bien puede comunicarse conmigo a través de reales arquetipos sin la necesidad del lenguaje hablado por una garganta material.
Son estos momentos especiales para mí, cuando mi interior es una combinación de calma y serenidad. Momentos en los que el ADN mío es una hoja editable y puedo anotar en él, voluntariamente, los cambios que quiero que sucedan en mi vida, especialmente aquellos de mi psicología propia. Es importante saber que toda acción nuestra, constantemente, está añadiendo diminutísimas mutaciones en nuestro ADN; mutaciones que pueden ser voluntarias o involuntarias.
Las mutaciones voluntarias necesitan de una exquisita disciplina y conocimiento de lo que se está haciendo; las involuntarias suelen ser producto de la inconciencia, del azar, generalmente degenerativa.
En un momento así, hago un repaso de mi vida diaria y si en ella encuentro un trozo, por ejemplo, de tristeza, inmediatamente la analizo, la observo, la estudio. Un descuido pudo abrir la puerta a este indeseable elemento para entrar en la psiquis mía, que de no ser detectada, frenada y eliminada, a tiempo, puede convertirse en un grosero defecto psicológico, un monstruo con capacidad de gobernar parte de mi vida. Es en este momento, de calma voluntaria, que toda característica psicológica es simplemente un objeto manipulable, modificable, como el metal líquido para ser vaciado en el molde correspondiente.
Es el momento en que algunas "virtudes", analizadas hondamente, muestran sus rostros verdaderos, no son lo impoluto que parecen ser, ya las caretas no pueden esconder los rasgos faciales de las equivocaciones que hacen la vida imposible de quién los posee, pues su evidente desatino está presente en las acciones diarias.
El amor, en este momento, se convierte en la materia prima de la vida. El amor lleva a este trabajo. |