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ANAQUEL
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Actualizado: Martes, Junio 11, 2024
   
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Anaquel

ANAQUEL DE TEMAS PUBLICADOS

 
LO MÍO
 
 

La música suena en mi compartimiento. Es un ente vivo e inteligente, cuyas ondas se expanden desde los parlantes con la cadencia armónica de un oleaje venido del insonsable mar. El oleaje musical golpea las paredes, el techo, los bártulos del compartimiento, el mobiliario, con sus ondas expansivas de armonía orquestada.

La música se escurre por la puerta semiabierta y sale al patio, ahora cubierta por la yerba amarillenta del invierno. Las aves que viven en el cercano árbol y de aquellas que han hecho del tejado su hogar permanente, callan y por momentos lanzan preciosos cantos que incluyen en el oleaje musical a sutiles seres vivos de cuerpos tenues que nadan y vuelan sobre su estructura etérea.

La música, también estrella su oleaje sobre mi entera humanidad que permenece arellenada en su cómodo asiento. Grafíca toda mi estructura corporal con colores musicales aislándolo del entorno como a una pléyade espacial en medio de la infinita noche espacial.

El teclado, que mis dedos oprimen con la sutileza de la dinámica impulsada por las neuronas creativas, para los acordes orquestados es el barro del alfarero modulando la existencia con la fuerza energética venida de lo profundo de la galaxia.

El Rito de la Primavera de Stravinsky, es este flujo incontenible de olas sonoras; al igual que aquella melodía que dio orígen al Universo, en este momento, ahora, trae a escena el maravilloso episodio de la vida que se desarrolla en algún lugar de la corteza terrestre. Un episodio de vital importancia sin el cual la vida del planeta no estaría presente.

Debo decir, que este episodio enmarca al viaje de los salmones en su retorno al principio del río que los viera nacer. Después de una estadía de varios años en el mar, estos peces vuelven por el mismo camino que los llevó hacia el mar. El regreso es siempre hacia arriva y contra obstáculos inimaginables, obstáculos que en la anterior vez les fue de mucha ayuda. Al final de este trayecto infinitamente difícil, exaustos y desfallecientes, solo tienen en mira expulsar de sí, sus células sexuales.

Las hembras de los salmones desovan y, en la misma agua, los machos, expulsan sus gametos masculinos.

Los gametos, femenino y masculino, libres de sus padres se hunden en el agua. Ambos ya no pertenecen a sus padres. Si estos no llegan a unirse, ambos moriran deteniéndose su desarrollo en este punto. Pero, la vida que palpita en cada uno de los gametos, la inteligencia genética depositada en sus genes, hará se unan, y solo cuando se unan la vida prosigue su curso. Desde este momento, desde la unión de los gametos, es posible decir que se ha creado un individuo. Ha nacido un nuevo ser. Un nuevo salmón. Antes de este punto no hay un individuo, después de este punto, ya existe por sí mismo un individuo que, según los planes de sus ácidos macromoleculares, en los meses y años siguientes, es la de convertirse en una criatura pluricelular. Las dos diminutas células provenientes de sus padres, se convertirá en un hermoso ente de varios kilogramos de peso.

La música de Stravinsky es estupenda. En un segundo momento trae a escena un hecho con la misma trascendencia vital, lo que está sucediendo en algún otro lugar del mundo. Después de una serie de trascendidos fisiológicos, del ovario de una gallina se ha liberado un ovulo maduro y ha descendido al infundíbulo, la zona inmediata del ovario. Por su parte, el macho de la especie, ha depositado con anterioridad en la cloaca de la hembra, un gran número de células sexuales que han viajado luego por el largo trayecto tubular hasta el infundíbulo. En el infundíbulo, cuando el ovulo maduro recibe la célula sexual reproductiva del macho, la vida prosigue su curso. Desde este momento, es acertado decir que ha nacido un nuevo individuo. Este flamante individuo, aún tiene que recorrer el trayecto tubular hast el útero de su madre que lo irá cubriendo de albúmina y luego de capas interna y externa, esta última de carbonato de calcio. Si el ovulo maduro no se uniera al espermatozoo, en el largo trayecto que lo separa de la matriz, se irá cubriendo al igual que la célula sexual fecundada de la madre, de albúmina y de las diferentes capas resguardadas por un cascarón; pero este huevo será esteril.

El maravilloso tema que emerge de los altavoces de mi compartimiento, ahora grafica, añadiendo la sutileza de una extraordinaria voz de nereida, toda la maravilla de la reproducción en el caso humano. Haciendo un resumen de los complejos pasos que se suceden en este caso de absoluta trascendencia, ubicaré el momento en que un óvulo maduro queda libre en la trompa de falopio y es en este momento cuando un gameto másculino, llevándole la delantera a otros numerosos gametos, se acerca raudamente. En el siguiente momento el gameto masculino penetra dentro del gameto femenino. Y es justo, en este momento, cuando se ha creado un nuevo individuo, un nuevo ser. Si este ovulo no fuera fecundado, simplemente será evacuado del organismo femenino sin mayor trascendencia.

El ahora cigoto, es una entidad muy diferente a sus progenitores, es ya un individuo en proceso de diferenciación celular y crecimiento. No es la madre, no es el padre; posee 23 cromosomas de la madre y otros 23 del padre. Si en este punto, el ovulo fecundados fuera trasladado a otro vientre, teniendo las condiciones apropiadas tranquilamente podría desarrollarse, pues ya no es parte del organismo que le dio la mitad de sus cromosomas.

El cigoto humano, previamente haber atravezado numerosos cambios, en el devenir del tiempo se convertirá en un individuo unico e irrepetible. Las posibilidades suyas, que tiene enfrente con respecto a las situaciones que enfrentará desde este momento son infinitas en todos los campos de la vida.

Si el Homo sapiens tuviera una reproducción semejante a la de los salmones, la parte femenina echaría de sí sus ovulos en el agua y la parte masculina haría lo propio. En el agua el gameto del macho nadaría hasta el gameto femenino y allí penetraría en él. Luego el cigoto, bien provisto de sustancias bioquímicas para los primeros momentos de su desarrollo, daría sus siguientes pasos embrionarios, crecería independientemente al albur de la naturaleza.

Si el Homo sapiens fuera ave, inmediatamente después de la unión de los gametos femeninos, el cigoto se cubriría de albúmina y cascarón. El consiguiente huevo, tendría que ser empollado fuera del cuerpo que le dio la mitad de sus genes y lo rodeó de sustancias necesarias para absorverlas y con ellas transformarse en la especie determinada por sus maravillosos genes. No necesariamente sus progenitores tendrían que darle el calor y el movimiento apropiado para convertirse en un ser multicelular, para continuar creciendo dentro del cascarón.

Pero el Homo sapiens es un mamífero, y el cigoto suyo necesita un ambiente muy diferente al de los peces y de las aves para desarrollarse. Su inteligencia genética le impulsa a crecer celularmente y le dice donde puede encontrar los elementos bioquímicos y la protección necesaria para continuar su crecimiento pues la naturaleza le ha negado los atributos genéticos y bioquímicos que a otras especies sí les ha brindado, siguiendo estos impulsos maravillosos que la vida ha depositado en sus genes, siendo un agente ajeno al organismo que lo rodea, se adhiere a la matriz, echa de sí unas raíces, invade la matriz. La matriz esta hecha para aceptar al embrión, el siguiente paso del cigoto compuesto ya por varias células.

El útero de la mujer puede rechazar este embrión antes de la implantación por múltiples razones, generalmente porque lleva anomalías. La muerte de un individuo empieza desde su estado de cigoto y la muerte, debido a múltiples factores, estará acechandolo siempre en los siguientes pasos, y en todo los pasos que le falta recorrer durante todos los años de su vida.

La muerte después de la implantación del embrión en la matriz, hasta antes de que salga del organismo que le brindó todas las facilidades para seguir creciendo durante nueve meses, se llama aborto. Las circunstancias de esto que llamamos aborto, pueden ser múltiples, y en su mayoría condenables, específicamente aquellas forzadas por conveniencias, intencional.

El Homo sapiens es un simio y necesita del clan, de la sociedad para abrazar vínculos afectivos y de protección mutua. La sociedad para ello ha creado todo un andamiaje de modos, costumbres y leyes para una convivencia óptima, individual y compartida. Desde esta temprana edad, la del cigoto, la pequeñez individual que lleva dentro de sí el poder de convertirse en un exímio artista o en un ingenioso inventor, dentro de la multiplicidad de otras habilidades provechosas en el bien común, es partícipe de protección, de respeto, de amor.

Siendo la difencia, entre el cigoto humano y una persona de veinte años o más, solo el tiempo, la edad, hace necesario protegerlo desde entonces.

 
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La naturaleza, en sí, es nuestra propia naturaleza. Todo lo que vemos en nuestro entorno cercano y en el lejano, lo tenemos dentro nuestro. Sí en nuestro interior hay miedos y dolores, allá afuera, pondremos de nuestra parte destrucción y muerte. Un interior lleno de amor y cordura, entregará paz y salud.
 
Cada acontecimiento nuestro no es otra cosa que Filosofía que se escribe constantemente gracias a aquella fuerza permananente que nos empuja a actuar, fuerza a la que llamamos vida. Todo lo colocado sobre la superficie del planeta en que vivimos actúa de acuerdo a las lineas escritas desde un principio por la genial mano de la vida. Además, podemos añadir, aquí en este libro de la vida, algunos versos propios, versos que pueden fluir líbremente como el agua; allá calmará la sed o se convertirá en la atmósfera que respirarán otros seres vivos. Es posible desmenuzar estos versos, pulverizarlos en pigmentos y con ellos untar sublimes telas.
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