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Actualizado: Martes, Junio 11, 2024
   
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ANAQUEL DE TEMAS PUBLICADOS

 
LOS EXTREMOS DEL PÉNDULO
 
 

Afuera llueve. Hay poesía en la atmósfera. La humedad ambiental del momento es aquella que permitirá que la vegetación estacionaria, la arbustiva, la primaveral, permanezca un tiempo más antes que el secano invernal que después vendrá, lo usual en la serranía, le quite toda la humedad hasta otra estación lluviosa.

Las nubes siempre han nutrido la tierra, sus descargas líquidas son la pluma que permanentemente escribe en el papel del relieve terrestre. Sus versos son la vida misma retumbando en la intimidad del corazón magnético del planeta. Su prosa, relata capítulo tras capítulo, la formación y transformación de las montañas y el devenir de los valles; en fin, una historia... sin fin.

Se sucede un terrible relámpago.

Él producto de millones de voltios de esa relación intrínseca de tierra y cielo, cae como una maza sobre la ciudad, aplastándola con su poderoso pulso electromagnético. La tierra cimbra hasta sus raíces.

Algunos automóviles, estacionados en la calle, aúllan lastimados sus sensibles oídos por el poderoso fragor, es decir, sirenan activadas sus alarmas antirrobo. La atmósfera hoy más densa que antaño, debido a la polución, opone más resistencia a la expansión de las chispas eléctricas de los rayos y, por consiguiente, los relámpagos y los truenos son más luminosos y más retumbantes.

Se suceden más terribles rayos.

“Rafi” y Filipo II, permanecen acostados en el piso, sobre su manta, a un metro y medio de distancia. Romeo, bajo mi escritorio, descansa a pierna suelta alrededor de mis pies, con las almohadillas plantares de sus cuatro extremidades perrunas tocando las patas del sillón sobre el que estoy sentado.

Con cada estruendoso trueno, Filipo II y Romeo, respingan notoriamente, mientras que “Rafi” mantiene una digna calma. Esta diferente reacción a la conmoción atmosférica, es porque los dos primeros son mucho más jóvenes que este tercero y porque a aquellos les ha tocado vivir dramáticos momentos de los fuegos pirotécnicos de Navidad y año nuevo siendo muy cachorros. En fin, las tormentas eléctricas no son del agrado de los tres.

El rostro de los meteoros dibuja su furiosa pirotecnia apocalíptica en las aguas del lago mientras que riadas de agua descienden por las calles con el ímpetu de los neurotransmisores en un cerebro que ha perdido el juicio.

La furia de los vientos empuja toda esta poderosa exhibición de los elementos por sobre la ciudad ya sumida en las tinieblas de la noche. El inmenso cumulonimbus que da marco a toda esta proverbial pirotécnia fue arrastrado por los soplidos de Eolo desde el suroeste de la geografía circundante; saltó por encima de las montañas, ahora sus pasos lo llevan por encima de la ciudad y del lago.

No ha habido otra tormenta como esta en la presente temporada de lluvias; no con tanta diversidad de rayos, relámpagos y truenos, todos en exceso. La ocasión es como para recordarla y tenerla como un referente para hacer comparaciones con otros momentos tempestuosos.

En mi compartimiento, una pequeñez inmersa en esta inmensidad negra, aislado en un ancho patio urbano, iluminado violentamente por las enloquecidas sinapsis de la atmósfera, suena “Attila”, de Guiseppe Verdi. La joya operística, comulga con la presente circunstancia de atmósfera machacada furiosamente por la prodigiosa electricidad.

La violencia ambiental me sirve como un marco oportuno para ambientar ciertos acontecimientos humanos que hacen historia en el nivel del gobierno de las naciones.
Por lo general, los hechos que marcan hitos en la historia, de hoy como ayer, provienen de los interiores humanos repletos de azar. Los derroteros de las naciones, que resaltan por su dramatismo, son el resultado de estados internos humanos erróneos.

Los conflictos generalizados, la consecuencia del descontento popular, el culmen del odio y de la desconfianza, la exacerbación de la ira y la impotencia, la turba descontrolada suelen ser el fin y el inicio de nuevas etapas en la vida de las naciones. En resumen, la explosión de los egoísmos desbocados, suelen conducir a estos resultados.

La corrupción, la anarquía, la falta de humanidad, es en suma, el detonante de estas acciones que concluyen e inician nuevas etapas en los estados. Humanidad, paz, justicia, igualdad, equidad, armonía, en contraposición a aquellas, suelen ser los lemas de estos eventos.

Como un acápite inserto aquí debo decir que, para conseguir estos bienes en reclamo, muy caros por cierto, en el total de los casos, se usan monedas poco valiosas; es decir, se quiere cambiar el producto de los egoísmos humanos pasados por el producto de los egoísmos de ahora; se quiere cambiar el producto de los egoísmos de otros, con el producto de los egoísmos humanos propios; egoísmos no diferentes en ambos casos. Sin una transformación humana verdadera, individual, dentro de cada persona, voluntariamente, consciente, el resultado de estas transacciones es el fracaso, la continuidad de un círculo vicioso.

La intención de “cambiar el mundo”, hace que algunos individuos aprovechen de estas oportunidades, para tomar el poder. Estas personas con un “ardiente deseo de hacer del mundo un lugar maravilloso”, encuentran la oportunidad de convertirse en caudillos de la gente descontenta, gente que por el momento reúne a una mayoría.

Estos personajes se consideran diferentes a todas las demás personas que quieren deponer, pero, ¡ay!, han sido vaciadas en el mismo molde que todas estás. Han pasado los mismos procesos de educación psicológica generalizada, han seguido la misma evolución social que lleva de la infancia a la adultez, y pronto estarán actuando de idéntica manera que aquellos a quienes sacaron de en medio.

Hay alguno que, si no traía el ferviente deseo de cambiar la carta magna, lo hace después, sustentando que esta será el cimiento de un cambio verdadero. Craso error, el problema no está en las leyes, el problema está en la gente que maneja estas leyes, el problema está en sus egoísmos, en sus defectos psicológicos.

El nuevo líder gobierna con sus egoísmos, egoísmos que trajo desde el hogar de manera insipiente, subconciente, y que la oportunidad hace crecer de manera desmesurada. Egoísmos que pronto son del dominio de sus seguidores y de la demás gente; no hay cambios, los vicios de sus antecesores en el poder se repiten.

Y hay otro individuo, que, además, le añade complejidad a sus intenciones: si no viene pensando en “una revolución”, la crea. Su aventura debe perdurar en el tiempo y en el espacio, con una identidad propia y debe ser el resultado de una “gran transformación” en la que brille la humanidad, la paz, la justicia. Sus sueños de igualdad, equidad, armonía, etcétera, deben convertirse en una realidad, pero, como siempre, los egoísmos humanos arruinan todos los sueños hermosos, se repiten los mismos errores y empeoran más que de los depuestos.

Para permanecer, estos individuos ciegamente cambian las leyes de su nueva Carta Magna, ajustándolas mucho más a la medida de sus necesidades e imponiéndolas despóticamente: ¡Ha nacido un dictador! No es nada extraño, que en este momento incluso viole su propia Constitución. ¿Adonde te has ido humanidad, paz, justicia, igualdad, equidad, tan buscadas en un inicio?

En este momento todos los Poderes del Estado, son suyos, controla todas las esferas de la vida pública y privada.

Pese a todas las deficiencias que presentan a la vista de todo el mundo, siguen adelante con sus planes de “salvadores de la sociedad”. Ya no importan los principios que los llevaron a esos encumbrados lugares, importa conseguir sus objetivos, cueste lo que cueste; no toman en cuenta que los problemas que ahora afrontan lo han conseguido gracias a sus egoísmos y a su deficiente gestión.

En esta etapa, el descontento de la gente es evidente y nace la idea de remplazarlos utilizando el mismo lema y, más o menos los mismos métodos que aquellos usaron en un inicio para tomar el poder. Pero, nadie debe romper su “revolución”, y si la gente que lo rodeaba lo protegía por un ideal, ahora lo protege azuzada por el miedo o comprada por grandes beneficios; además, para su protección, utiliza el engaño, todas las formas de engaño y la desinformación.

Más allá de las dictatoriales fronteras de su país, absorbe para sí a otro tipo de gente, a gente idealista que ve en ellos a una maravilla de gobernante: la ingenuidad humana abunda para estos casos, antecedida por un deficiente conocimiento de los hechos y la desinformación.

Estos “héroes de la sociedad humana”, se consideran los dueños de todo. No existen auditorias ni rendiciones de cuentas. Confiscaron y “nacionalizaron” todos aquellos bienes privados de importancia económica para ser administrada por ellos con la buena intención de un beneficio común, y, por lo general, en el corto tiempo de lucrativas pasan a convertirse en deficitarias. Y como siempre los defectos psicológicos humanos, la corrupción con todos sus atributos de egoísmo, se dan un festín con sus utilidades. No son diferentes de aquellos a quienes remplazaron violentamente, son peores.

Algún individuo de estos, por llevar adelante su “revolución”, se da las ínfulas de convertirla en una dinastía, lega el gobierno a su vástago, un último paso si antes no la entrega a otro sucesor que elige por conveniencia.

No tengo ninguna duda, de que este andamiaje urdido, en un inicio por las buenas intenciones, como todo gobierno a lo largo de toda la historia humana, puede ser depuesto, y el nuevo, habiendo utilizado la consabida técnica para hacerse del gobierno, orquestada por los egoísmos humanos, con el correr de los días también tendrá un final nada feliz.

Las formas de gobierno de Estado, han cambiado a través del tiempo gracias a la complejidad psicológica humana.

Por lo pronto, la democracia es la mejor forma de gobierno pese a sus deficiencias.

Los buenos gobiernos son los mejores si sirven al bien general. Los malos gobiernos subordinan el bien general al bien de las personas en el poder.

Si no se cambia el interior humano, se hace imposible llevar adelante cambios trascendentales permanentes.

“Attila”, de Guiseppe Verdi, suena maravillosamente.

 

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La naturaleza, en sí, es nuestra propia naturaleza. Todo lo que vemos en nuestro entorno cercano y en el lejano, lo tenemos dentro nuestro. Sí en nuestro interior hay miedos y dolores, allá afuera, pondremos de nuestra parte destrucción y muerte. Un interior lleno de amor y cordura, entregará paz y salud.
 
Cada acontecimiento nuestro no es otra cosa que Filosofía que se escribe constantemente gracias a aquella fuerza permananente que nos empuja a actuar, fuerza a la que llamamos vida. Todo lo colocado sobre la superficie del planeta en que vivimos actúa de acuerdo a las lineas escritas desde un principio por la genial mano de la vida. Además, podemos añadir, aquí en este libro de la vida, algunos versos propios, versos que pueden fluir líbremente como el agua; allá calmará la sed o se convertirá en la atmósfera que respirarán otros seres vivos. Es posible desmenuzar estos versos, pulverizarlos en pigmentos y con ellos untar sublimes telas.
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