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ANAQUEL DE TEMAS PUBLICADOS |
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CORRUPCIÓN |
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1. EN NUESTRO "DISCO DURO" |
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La corrupción, empieza en casa, aún antes que una persona nazca.
El concepto vertido en el párrafo de arriba parece errado, pero viéndolo en la profundidad correcta no lo es. Para empezar, el aún no nacido, está conectado íntimamente con su progenitora, comparte redes nerviosas, aparte de las varias que une ambas vidas; los pensamientos, los sentimientos y varios aspectos más de la madre, pasan al vástago por este medio. Ella, la madre, aparte de haberle entregado un gran porcentaje de sus genes, ahora también le entrega datos de sus vivencias ordinarias y un enorme bagaje de sus vivencias psicológicas; cuando el aún nonato haya nacido traerá ya algunos aspectos psicológicos aprendidos en el vientre.
Nos sorprendería si alguien nos dijera que muchos aspectos psicológicos de nuestra vida, se nos heredó genéticamente; vienen de mucho antes de nuestra gestación, son parte de nuestro patrimonio humano; ocupan unidades de almacenamiento de información en nuestros cromosomas; son secuencias lineales de nucleótidos adquiridos a través de toda la historia de la vida.
Luego del nacimiento de una persona, los ejemplos diarios de los que lo rodean lo más cerca posible se encargan de darle una mayor forma a su vida psicológica. El entorno familiar, con todo su componente de hábitos, costumbres, liderados por los defectos psicológicos, o por las virtudes si las hubiere, se encargarán de moldearlo en una medida más concreta.
Fuera del ambiente familiar, el aprendizaje prosigue con la base adquirida en casa. Y, no solo aprende, sino que también va siendo el ejemplo que salió de casa y se convierte en el modelo que otros imitan.
La corrupción, en una persona, no es algo que se presente de manera espontánea, es algo que ya está cimentada en su psiquis. Cuando surge el estímulo apropiado, se manifiesta, así de simple. Alguien dirá, “la corrupción se aprende”, yo diría que está allí, simplemente que se activa o prende circunstancialmente; está bien instalado en nuestro “disco duro”, si no estuviera grabado en nuestro "disco duro" jamás se manifestaría en nosotros, no habría manera. Algunos manejamos “ese programa” mejor que otros. Y así como se activa, también pueden ser desactivado, con la correcta manera, con el método apropiado, y no es tan simple.
Para empezar un combate contra la corrupción, es importante empezarla dentro de uno mismo. Mientras no la veamos como algo nuestro, propio, y que lo traemos desde mucho antes, desde siempre, escondida en nuestra psiquis, dentro de las profundidades de nuestro organismo físico, será imposible combatirla.
Es imperativo comprender que la corrupción, dentro de una persona, es manejada por una serie de defectos psicológicos que conniven mutuamente. El odio, la codicia, la soberbia, la vanidad, el orgullo, la avaricia, la envidia, la pereza, la gula, y la lujuria, bien comprometidos, alguno que otro con un brillo mayor que otros defectos psicológicos.
Los defectos psicológicos no son un problema religioso, son un problema humano. En simples palabras, son siete elementos tan igual que siete adalides, que arrastran tras sí una inmensa muchedumbre compuesta por sus hijos, nacidos en un maridaje entre ellos mismos.
¿Cómo se comporta el odio sumado a la soberbia? ¿Cómo se comporta la avaricia unida a la envidia? ¿Cómo se comporta el odio en conjunto con la avaricia y la pereza? ¿Cómo se comportan el odio, más la codicia, en unión con la envidia y la avaricia? ¿Cómo se comportan entre ellos mismos las múltiples, muchísimas para un ojo entrenado, combinaciones defectuosas?
Quién se comprometa a trabajar verdaderamente contra estos elementos, en su psiquis, sin duda que tendrá un panorama más claro de lo que significa el combate contra la corrupción. A la corrupción, se la combate dentro de la misma persona, ahora y aquí mismo.
Si lo eliminamos de nuestro interior, “si apagamos el programa de nuestra computadora”, es seguro que podemos acabarlo en el exterior, no hay otro camino. Si lo eliminamos de nuestro interior habremos acabado con un pillo más que anda suelto por las calles.
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2. UN SÍ O UN NO, SIN MAGIA |
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Hernán: ¿Qué viene el domingo?
Raúl: El Referéndum.
H: ¿Qué tengo que hacer en él?
R: Responder cuatro preguntas.
H: Ya lo sé, cuatro preguntas. Y responder con un Sí o un No. Simple, ¿verdad?
R: ¿Simple? Mmm, eso depende...
H: ¿Cuál es el problema? No veo ningún problema. Ya está decidido: tres Sí y un No.
R: Por ahí, he visto que alguien votará por cuatro No.
H: Yo también lo he visto. Y también he visto otras opciones... Pero me quedo con la opción que ya escogí.
R: Pero, ¿por qué piensas que es tan simple?
H: Simple; porque habremos solucionado nuestros problemas, políticos y judiciales, que se presentaron en la vida de nuestro país, en estos momentos.
R: ¿Realmente, estás seguro que de esa manera solucionaremos nuestros problemas...?
H: ¡Claro que sí! La corrupción y los malos manejos, que corroe al poder judicial y al legislativo, quedarán solucionados. Esta solución servirá para sacarlos a todos ellos del importante lugar que ocupan, para luego remplazarlos por gente idónea.
El veloz tren del Referéndum llegará a su consabida estación, luego de propuesto por el gobierno y pedido por la gente, meses atrás, en este país cuya orografía está ubicada en el sur del continente que conocemos como América y que la historia colocó en medio de lo que mucho antes llamó Tahuantinsuyo.
Mientras la potente bocina del anélido con llantas de hierro del Referéndum estremece peligrosamente todo aquello hecho de vidrio y todo delicado tímpano, en la estación, “El Barbero de Sevilla”, de Rossini, con sus dos horas de maravilloso concierto, armoniza todos los acontecimientos de las esferas correspondientes que devienen de dicho evento.
Pensamos, que la magia de un Sí o un No, va a solucionar problemas humanos que tuvieron su origen en casa, mucho antes que los protagonistas de los problemas actuales nacieran... Sí, es la cruda realidad.
En el medio hogareño y familiar se aprende lo que luego se exhibirá fuera de ese ámbito. Las vivencias psicológicas de los progenitores, insensible e subconscientemente, se irán cimentando en el retoño. Lo funesto de estas vivencias, son los defectos psicológicos, y con toda razón darán como resultado acciones deplorables. Las iras, los miedos, las vanidades, las codicias... y todos los egoísmos, del hogar, luego saldrán a la calle y aquí se irán consolidando y combinándose con aquello que provenga de otros hogares.
Un Sí, o un No, no va a tener la magia para quitar todo este bagaje de egoísmos transplantado en el individuo, cualquiera fuera este. Mucho menos aquello que, por las características del trabajo suyo, da un amplio pábulo para romper las reglas o las leyes.
Toda nuestra formación, como individuos, nos enseña a “ver la paja en el ojo ajeno y no la viga que oscurece nuestra mirada”. Desde nuestros primeros años, nos inculcan subconscientemente a ver el error ajeno y no el nuestro. Los primeros correazos o chancletazos, no son más que una muestra de querer corregir el error que otros han implantado en nosotros con sus ejemplos, error que no ven en ellos. Si ellos mienten está bien, si yo miento está mal; si ellos engañan está bien, si yo engaño está mal; si ellos odian está bien, si yo odio está mal...; y así podríamos traer una larga lista de otros ejemplos aciagos que cimentan nuestra psiquis. Nuestra crítica hacia los demás es maravillosa y la autocrítica no existe.
Cortados, todos, con la misma tijera, pretendemos juzgar y corregir a aquellos que tienen nuestros mismos defectos. Solo que, en estos, por ser hombres públicos las evidencias se han manifestado de manera notoria. Queremos transformar al mundo, arrancarle sus deficiencias, sin pensar que estas deficiencias las tenemos nosotros, y serán las que se impongan si vencemos en nuestro propósito. Queremos reformar los entuertos, cuando nuestra psiquis está programada para producir esos entuertos, y es simplemente cosa de tiempo para que los demás lo noten.
Las zurras y los chancletazos de ayer, incluido las reprimendas, se convierten en las cárceles de hoy. No corrigen, solo esconden el error, lo hacen furtivo. Quien quiera verdaderamente corregirse, no necesita de cárceles.
Un Sí, o un No, no va a corregir todos los egoísmos, implantados en nosotros durante los años de nuestra vida... incluso lo que traemos en nuestros genes... como una remora kármica. Lo trascendente está en trabajar voluntariamente para desterrar estos egoísmos de dentro nuestro, verdaderamente, a cualquier edad.
“El Barbero de Sevilla” está en su clímax...
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