Raúl Huayna1 Inicio | Presentación | Novela | Poema | Pintura | Dibujo | Fotografía | Anaquel | El Autor | Contacto
Raúl Huayna3 Raúl Huayna4
Raúl Huayna5 Raúl Huayna8
Raúl Huayna5 Raúl Huayna8
POEMA
Raúl Huayna10
Raúl Huayna11
Actualizado: Martes, Junio 11, 2024
   
Raúl Huayna20
Presentación Buró de Novela Buró de Poema Muro de Fotografía Muro de Pintura Muro de Dibujo Anaquel El Autor Contacto
Raúl Huayna21
Muestra de Poema
BURÓ DE POEMA
 
EL TIEMPO DORMIDO
 
 
1.- PENUMBRA   2.- DE AYER

Luego del canto,
en el descanso,
cuando las letras habladas
descansan en los impresos.

Alguien lanzó un grito declamado
en una sala llena de ojos,
y luego su eco se convirtió en mariposas,
de tornasoladas alas
que fueron a posarse en las flores
fotografiadas colgadas de la pared.

Musita la dama un verso
que golpeando a un audiente
lo convierte en pajarillo silvante;
vuela el ave para beberse a la noche.

Un libro, dos libros,
abiertos como la llama que incinera
la tela negra de la noche.
Se queman las sombras
y sus cenizas convertidas en murciélagos
vuelan para posarse en los rincones
donde las horas duermen
colgadas al revés.

Cuando los versos,
en un último momento de la velada,
saliendo por la ventana
flotan en la calle al vaivén del viento,
son las hojas secas
que un niño recoge
y los guarda en su bolsillo.

¡Ah!, el tiempo dormido.
Resulta que el sol duerme en media mañana.
¡Ha olvidado los minutos y las horas en casa!
El sol llega al medio día y en ese momento, sentándose en una banca de un jardín que no es suyo, abre su maletín y...
Los minutos y las horas ocupan ese maletín .

 

Una orilla en la inmensidad de la tierra
ha sorbido la última gota que rodeaba.
Allá caminaba el viento descalzo
y suspiraba por sus tiempo de navegante del cielo.
Los aromas se reunían sobre la arena
y al son de las olas
danzaban hasta convertirse en destellos fugaces
que el viento guardaba en un frasco.

Hoy el viento se ha marchado
buscando aquella última gota
y todas las otras gotas sorbidas antes,
pues las necesita para llenar
el mismo frasco donde guardó los viejos aromas.
Debe agitarl ese frasco para empapar la seca tierra
con un nuevo remanso.

Una antigua construcción en las faldas de una montaña. Las mismas manos que cavaron las minas, hicieron estas construcciones.
Un monumento que el tiempo se empeña en hacer desaparecer y no hay duda que lo logrará; para entonces, cuando el arrebol ilumine las últimas horas de la tarde, el palacio de las últimas y diminutas criaturas que la habitaron, se habrá convertido en un sueño que los ancianos ya no sueñan.

 
 
3.- CON EL VIENTO   4.- PALABRA SUAVE

He tomado un puñado de tierra en una mano
y agua en la otra.
A ambas las he lanzado
y allá arriba flotan,
brillante la una y opaca la otra.
Con las manos ya libres,
mesclo tierra y agua.
Amaso aquella tierra y hago muñecos con ella.
Muñecos que cuelgan de hilos
danzando al humor de la lumbre
que ameniza la mañana.
Ya en la tarde
cuando los muñecos son guardados
en un viejo arcón,
sin hilos de qué colgar,
bailan al albedrío propio
sobre los suspiros.

 

Un susurro
tan pequeño como un grano de polen,
suelto entre el verso de un pétalo encarnado.

Una pincelada de cielo,
antes de la noche,
en ese perfume llamado rosa,
bajo la lluvia cálida
de la primera primavera.

El mordisco crujiente
de una diminuta hormiga
a la ambrosía del verde ovario.

La sutileza del viento
nacido de labios silenciosos
vibrando en las infinitas esperanzas.

El destello de luz
tan pequeño en el ancho cielo negro,
y que el corazón sabe de su inmensidad.

 
 
5.- AMIGOS   6.- ÉLITRO

Sentados en la misma mesa
mientras el vaporoso café se disuelve
en la tinta de los lapiceros.

El libro, con sus hojas de crujientes galletas,
calman el hambre
que el ayo ha vaciado
en el estómago de las neuronas.

La hojas recogidas del bosque
son quebradizas papitas en la mesa
que los lapiceros han untado
en el chocolate impreso
que el ayo les lanza en ráfaga.

Aún es temprano
y también es posible masticar enormes trozos
del sabroso reloj de la mañana.

 

El arco iris posado sobre una flor.

La inmensidad de un latido
escanciado en una gota de cielo.

La senda, esa, de piedras preciosas sin tallar,
rodeadas de agua roja
como la sangre del atardecer,
corriendo tumultuoso
como un destello eléctrico
en la neurona del verde primaveral.

La lengua, esa, que ya no se habla
por que se ha convertido,
en el ayer del tiempo,
en las piedras de las pirámides
que suelen rodar como el polen
con el suave aliento de la alegría.

La ruta de las aguas rojas
nacen en el delta de las aortas
y quién camina sobre sus piedras
se adentra en su propio corazón.

 
 
7.- VAINA   8.- RÁFAGA DE VIENTO

Cuando las estrellas entregan el frío más espantoso.
Es el momento en que toda luz llega al tuétano con su fuego fatuo.

El peciolo pulsa con la savia fresca,
lo es todo, lo tiene todo.

El dios que está arriba, mata;
y el dios que está aquí, lo evita.

No es el momento de mirar,
porque entorno no existe
y la piel sabe que es segura la entraña.

Nutre la sangre verde,
lo es todo, lo tiene todo,
¿para qué querer saber más?

 

Una piedra que vuela
tan igual que una pluma.

La pincelada aquella
que las unta con el color de los sueños.

El caño aquel, que abierto,
deja salir un chorro de arena azul
para perderse en el cielo.
Ayer hubo arena roja
que se disipó en toda la tierra.
Y hoy el viento es una combinación
de piedra y pluma...
flotando sobre el manto del cielo.
Cuando oscurezca
toda piedra titilará allá arriba
y toda pluma será una nube más.

 
 
9.- MIRADA   10.- DOS CAMINOS

Un rayo de luz partiendo del infinito,
de allí, donde brota la raíz
de cada pálpito llamado Dios.

El susurro tan grande del huracán
o el grito estentóreo de una brizna de aire
resbalando de un grano de arena.

El agujero tan hondo
adonde va la raíz.
Ella lo es, lo puede.

El horrendo grito
salido de la entraña más oscura
subiendo en oleadas
tal como una palabra amorosa.

El aroma lo es todo,
el color lo es todo.

 

Pasos que van y pasos que vienen.
Los que van:
aparecen y desaparecen en el horizonte.
Los que se quedan:
tienen la persistencia de la roca
y el apremio de la fragua siempre encendida.

No hay retorno
para el tiempo
cuando no se ha ido,
y tampoco cuando se ha ido,
excepto cuando funde la roca
y lo deja correr en un cause permanente,
rojo y humeante en un cerebro infantil.

El claustro y una catedral.

 
 
11.- DECISIONES   12.- DISCURSO

Tantas veces ha sido el único camino
y en el cemento fresco del momento
han quedado marcadas
las únicas huellas del caminante.

Todas las mañanas
empieza la vida
y siempre el camino es hacia adelante.
Todas las noches
se acaba la vida
y siempre el camino es hacia atrás.

La rueda rota hacia el futuro
algunas veces lleva un escalón arriba,
¡ah!, y no esperes descender
grada alguna,
no lo sabrías.

Un buen caminante
siempre tiene un buen corazón.

 

Los renglones aún vacíos,
se llenan con premura.

El poder del bolígrafo
para tomar un nombre y
desgajarlo letra por letra
sobre la hoja blanca.

Una lista que montará
sobre cuatro ruedas y
se lanzará velozmente
sobre el renglón de asfalto,
hacia el futuro.
Digo,
que aún el bolígrafo
no ha acabado su tarea.

 
 
13.- AUREOLA   14.- PALABRAS

Cuando un sonido viene
de donde todo es silencio.
Ha salido de un océano
donde los vientos espantan
por su fiereza.

La frágil estructura humana
se tambalea con la quietud
de las cosas muertas.
Y cada piedra del entorno
es una criatura viva
dispuesta a morder.

Una silla, simplemente así,
de pequeña o grande,
sin nadie encima suyo
espera bajo la lluvia.

Concurso de sikuris en lo alto de la montaña.

 

Un susurro de neurona
en un momento de esos
en que todo destello inteligente muere.

El barro cálido
regurgitado de entre la roca de las esperanzas
tan luego de ser amasado
por las simples manos de
lo que algunos llaman pecado
y otros, inocencia.

El vidrio llameante,
aquel barro transparente
que lejos de la mufla
se convierte en un corazón que late.

La luz, tanta, que daba calor
al vientre de la madre de la gente,
hoy es el mismo susurro
que da vida al viento.

El fragmento de una catedral.

 
 
15.- RÁFAGA DE VIENTO   16.- FELICIDAD

Una palabra viajando en un destello eléctrico,
cuando gotas de agua caen en los alrededores.

Hay música en el entorno,
flotando como cintas del arco iris
cuando truena un galimatías.

Las aladas aves,
por un instante,
vuelan en torno del destello eléctrico.
El domo del cielo
lo envuelve todo,
y en medio, la simpleza del destello eléctrico
busca su sinapsis.

Una fuente en el centro de una ciudad.
Es el momento en que el sol lee los últimos renglones del capítulo en el que se ha enfrascado durante el día. Habrá que preguntarle, qué novela está leyendo.

 

Allá iba el tiempo con sus ruidosos engranajes
rotando tan ágil como una ola.
Rotaba el pobre
en su cielo de manecillas ciegas,
y apuntaba un número que no quería.

La orilla del río, esa donde acoderan las intenciones,
ha rotado junto con las saetillas
en la dirección del mar y sus tormentas,
nada hay tan rápido como su rueda
que nunca se detiene sin ir a ningún lado.

La mar de las borrascas
es el estímulo del motor
viajando allá donde el horizonte siempre brilla.

El cristal roto yace junto
a la arena derramada del tiempo
que una mano tiró en la playa.

Un puertecito en un lago. Este lago ofrece grandes y pequeños temas...

 
 
17.- TREN   18.- SUMISIÓN

Hay huellas de muchos pasos en la arena
y van hacia el mismo roquedal.
Pasos que las olas borrarán
a pestañazos de mar
cuando el ruido de la avispa,
gota a gota, llene el remanso de la noche.

El tintero este, lleno con el negro de la noche
ya en la lapicera de los versos
dibuja los pies de las sombras
que los hombres dejaron
cuando el sol alumbraba
desde el fresco rincón azul del cielo.

Corre el viento sobre su riel escrita
encima del fragmento del poema
escrito con la lapicera de los versos
en el pedazo de papel roto del
libro de la tarde.

Un pedazo de ensoñación flotando sobre las aguas movidas del Lago Titicaca. El viento con su sonido de engranajes rotantes, rema hacia la inmensidad.

 

El silencio en medio del alboroto de las sombras,
el rugido del motor cuando el suspiro
ya es parte del pasado.

La cerviz inclinada del músculo
cuando la adrenalina es un destello
de lejana estrella y la sangre palpita coagulada
dentro de la pluma.

La mano esa que se tiende al suspiro
que ha partido sin escrúpulos de la herida
abierta en el lomo de la tempestad.

Cabalgar el viento cuando no hay viento
y cuando lo único que sopla es el chirrido
del verso escrito en una hoja
que pende de un árbol verde.

En la noche, en la zona central de una ciudad. En una ciudad, el centro nunca es pequeño.

 
 
19.- BOLSILLO SIN FONDO   20.- PÉTALO ROJO

Las manos desnudas
tantas veces han buscado lo que no había.
Allá, en el rincón del légamo,
cuando era menester un don,
había la simpleza de una gota de agua caída del/ cielo.
¿Lagrimas, acaso, acumuladas
en las cuencas de unos ojos que nunca lloran?
La calma las sublima,
aquel frío que viniendo de un desierto
donde cada grano de arena
es una letra del alfabeto no escrita.
Una letra que saltando
de cada tecladazo en una antigua máquina
se irá licuando tal como una lágrima
caída en un bolsillo sin fondo.

Una isla flotante en el lago, es el cimiento de un compartimiento ajado. No hay cerradura más segura que la confianza en sí mismo.

 

Algo de aroma en el verso
escrito casualmente,
y algo de aroma en ese verso
leído con la enjundia inspirada.

La oruga nunca volará
si el azar la coloca entre versos
que nadie lee,
aquello donde las anteras
no se atrevieron acercarse al pistilo.

Las semillas que no conocieron pluma
y sin capullo alguno
ahora vuelan anónimas
como el polen cuando no hay viento,
esperando la sutileza de una pluma
que escribe con la tinta
de un reguero de polen rojo.

Lo microscópico también tiene forma. Lo que los ojos no ven sin ayuda.

 
 
21.- HUSO GIRANDO   22.- SUSPIRO CONTENIDO

La montaña suena;
el fuego de sus entrañas
es una vaharada de huracán.

Palpita el fuego de la roca
con tanta delicadeza,
que el gorgorito del pajarillo
repica en su rama.

No hay jaula para la libertad del viento
ni hondonada para acumular
el vapor condensado de su crujido.

El vientre del hueso
perforado por el viento
gruñe como aquella fiera
que le hincó los dientes.

Música tan antigua como la propia tierra nacida de cañas de bambú. Los labios y las gargantas de los hombres que insuflan generaciones de sonidos.

 

Esa luz...
que brillando en lo absoluto de la vida
se difunde hacia la zona pensante humana
para descansar en su corazón.

Por ese río luminoso,
cuyas rutas son desconocidas,
una carabela navega
hacia el fin del mundo.

El vórtice aquel, después del cual
no hay nada,
pero la aventura llama.

El catalejo cansado
sobre el ojo atento
escruta aquel horizonte
donde reina la nada.
En un último momento
el catalejo cae y
desparrama su limitante vida,
y ahí en aquello que no es horizonte
una nueva luz brilla.

Titila una letra en el espacio constelado de letras. Ese cielo es navegable y recorrerlo habrá, de tapa a tapa. Viene el siguiente capitulo y los protagonistas tienen por delante una trama no escrita...

 
 
23.- GRAGEAS   24.- ANHELO

Una tecla y otra,
de una antigua máquina de escribir
bajo los dedos briosos.

El libro aún está cerrado
pero la historia ya suena
buscando un agujero por donde huir.

Cuando unos inquietos hollares
rompen las tapas del libro
que lo aprisionaban en un henil
cada tecla se convierte en un carbón encendido
quemándose en la pampa.

Luego de una lluvia, el agua de las orillas de un remanso suele tener un color que no es el transparente. El polvo y la tierra arrastrada se combinan con el agua, una sopa nutritiva para las plantas acuáticas.


 

Simplemente está allí
junto a un carruaje
que viajará como un aroma
sobre la vieja vía.
Espera el momento de la partida
y las ruedas impacientes
giran inmóviles como un reloj sin cuerda.
El cielo no es lo usual,
es una cúpula abierta
por encima del tiempo
y ofrece su distancia
como una liga elástica
estirada al máximo.
Relincha el doble motor
cuando el látigo truena
y con el primer paso
vendrá un último paso.
Suenan los hollares
tan igual que el tictac
de una catedral
en las manos de su arquitecto.

Una diminuta flor de "aguja aguja". Al pulgón que está encima suyo, translúcido, no le interesa el nombre más complejo de esta planta y allí lo dejamos.

 
 
25.- GOTAS   26.- DOS CEREBROS

Implacable como una letra escrita
en un viejo libro tirado entre la maleza
de la lectura.
Letra a letra se aja el libro,
en la intemperie del desván
de ese que los sueños colocan en el corazón.
Alguna vez
la casualidad acerca el libro a la mesa
y a la silla de la curiosidad,
es un momento del Génesis
donde la historia no nace
pues toda letra
ha sido succionada
por una boca que bebe toda tinta.
El tiempo es así,
nada deja para una historia posterior,
se vive una sola vez
en el estante que nadie toca.

En una isla las piedras también se aventuran en lo desconocido. Reptan silenciosamente.

 

Un frondoso árbol en el camino
abre sus ramas de amigo
y envía sus pájaros a los caminantes para cantarles.
Las aves son suaves suspiros
de la hierba fresca y del tronco henil
que lleva la calma a la pantorrilla cálida.
No descansa el caminante siniestro,
no lo hace,
su trajín tiene un itinerario pesado
que está en otro lugar
de la noche que viene.
Descansa el caminante diestro,
siempre está así de sosegado,
viajando como un canto
que la brisa tomó de las avecillas.
El árbol alimenta a ambos
al músculo y a la idea,
al pensar y a la intuición.

En uno de los parques frescos de una gran ciudad. Cuando el día ya se había despedido de sus amigos para irse a su casa...

 
 
27.- CALLE   28.- CORAZÓN

La vereda opuesta,
donde el cemento fraguado
tiene las huellas de pies descalzos.
Por ese mismo reguero de pies del pasado
vienen ahora, otros pies,
también descalzos,
y dejan nuevas marcas.
Pies, de pasos cortos,
de un simple paseo
hacia la lejanía,
allá donde aún hay luz.

 

La ambrosía dentro del cáliz de una flor,
en un momento antes del levante.

Las anteras cargadas de polen
que agitadas por el viento
suben al cielo para destellar
junto con las últimas estrellas
de la noche en su adiós.

La crujiente gota nacida de la flor,
a punto de ser cosechada;
la gordura suya
colgando de la rama.

 
 
29.- SUENAN   30.- NIDO

Los pasos cuando el ritmo suena,
son parte de la música.

La electricidad salta del viento,
y así quemante se mete en la sangre.

Hierve el corazón licuado
en la mufla del viento,
y cuando todos los pasos
van para el mismo horizonte,
todo lo rojo humano se diluye
hirviendo en una laguna
que la mente ideó dentro de sí
y donde también colocó una balsa
con un navegante soñando en la danza.

 

Con la noche
se va el tiempo.
El cubil de los sonidos infantiles
ha dejado de serlo.
El reloj se ha detenido
justo encima de la última cena.
El calor que resumía del fogón
del zureo ha volado
con el incienso de otra voluntad.
¡Ah! ¡Vuelve tiempo!

Desde un vehículo en movimiento. La vieja construcción, se mueve en la pampa, viene raudamente hacía la máquina en la que yo viajo.

 
 
31.- PIES   32.- SUEÑO

Un paso lleva a todas partes,
nada más importante.

Toda vereda es de cemento fresco
y en ella el caminante se refleja,
huellas que van
huellas que vienen.

La nueva senda
la de barro en día lluvioso,
por la que el mundo va
y nadie sabe a donde
y por la que también viene
y nadie sabe de donde.

Una súplica al lodo
que resbala a todas partes,
con todas las esperanzas,
por donde ahora trajinan
unos pies que saben de cementos.

 

Un camino entre las nubes,
aquella linea del horizonte que espirala
en torno de un reloj con saetilla magnética.
¡Qué va! Cuando el cerebro
no es más que un tornillo oxidado
incrustado en la viva carne.

Aparte está el suspiro veraz
que simplemente vuela como las alas
en los costados de la calma.

¿Noche? ¿Quién habla de noche
si la luz es perpetua?
Y la vida, cuando descansa,
suele utilizar una almohada
rellena con el murmullo de Pandora.

Un puertecito en un lago.

 
 
33.- CLIC   34.- PIEL

La luz suele usar pies para caminar
sobre la negra vereda de la distancia;
¿alas, cauda? es lo mismo para avanzar.

Un parpadeo desde el horizonte
llama a la luz con la intensidad de la vida,
para llenar los causes
con su sangre caudalosa
que va al mar de las imágenes.

La mirada que bebe esta sangre
en amplias bocanadas
para trasladarla hasta los precipicios
de la memoria permanente.

Los peces que nadan en esta memoria,
titilan como en un cielo
que no será más.

Un detalle prehistórico de la fotografía que aún es vigente en la actualidad. Una caja oscura de fuelle, tanque de revelado, soluciones reveladoras, aceleradores reveladores, ácidos para interrumpir, fijadores, lavado, secado y una mano humana dispuesta a conseguir una fotografía.

 

Manos levantadas hacia el cielo.
Es el humo de un pequeño incendio que exhala nubes.
El viento suele irse en estas islas
que flotan en una charca cerebral.
Aquí navega una piedra
tan liviana como un corazón agradecido.

¿Qué le pides a las alturas?
¿Acaso la saciedad de aquello que bien tienes
dentro tuyo y no necesita
otra ayuda que la tuya?
¿Pides lo que ya ha madurado
y que lo ignoras por ser cotidiano?

Los labios musitan el crujido de las piedras,
crujidos que flotan entre las encendidas hogueras
que arrastra el río,
crugidos de fuegos que un anciano, o un niño,
tomándolo entre las manos,
la bebe como la leche materna.

Allí la planta crecía como todo ser vivo, respiraba, se alimentaba, jugaba... ¿Quién puede decirme que las plantas no juegan?

 
 
35.- OJO NEGRO   36.- SUSURRO

La noche se ha posado
en una mirada humana,
y allá adentro ha hurgado buscando una estrella.

No es difícil de encontrar
cuando uno sabe lo que busca.
Hallándola la puede tomar,
y con el calor propio
convertirla en una simple burbuja.

La noche ha escrito un verso en un papel
y colocándolo dentro de la pompa
la ha lanzado hacia una pléyade de suspiros.

La noche luego ha tomando alas de mariposa
y ha fluido hacia un escritorio
donde una mano infantil
la dibuja con lápiz de grafito.

Una enorme vasija en un gran patio. El sol pintaba esa vasija con un naranja sobrante, con aquel color con el que había pintado algunos atardeceres de otros días. Días cuando el trigo ya maduro se depositaba en los vacíos de la vacija.

 

Al oído se dicen muchas cosas,
un caracol es explícito
cuando camina sobre el tallo fresco de la sangre
que mana de un rugido
exhalando de una gota de rocío.

Un verso camina con el apuro
de una flor al alba
y saltando por debajo de la gota de agua
ha permitido que la gota se pose en su mano.

El caracol ahora escala el verso
y llegando a la gota de rocío
se convierte en sonido.

Un día de domingo. Un poco antes de la música y la danza.
La danza, antes de su manifestación suele estar guardada en un pomo no diferente a una flor.

 
 
37.- MÁSCARA   38.- MIEL

El tiempo ha tomado el barro de las sonrisas propias
y amasándolo lo ha colocado en un torno.

Una vasija ha traído la centrífuga ardiente
y allá en el fondo seco ha puesto
una agua no cristalina.
Siendo bebible esta agua
el tiempo tomó algunos sorbos de ese licor
y lo puso a madurar en su garguero.

Dijo palabras el tiempo,
sutiles cantos a la metamorfosis
del agua hirviente en una flor
o del gélido hielo en un rayo de luz.

La rendija de la cerradura está abierta
y por ella el mundo se cuela
como una ondulante áspid
acurrucándose en la vasija.

Allá, en la vacija, el rostro del tiempo ha callado
cuando un destello inoportuno
lo ha convertido en piedra.

Un kusillo camina buscando su lugar entre la música y entre la mirada de la gente.

 

Un vaso lleno de mar,
con unos albatros en su cielo de cristal.
Piedras y arena
que se conviertenen en la orilla
en cangrejos coloreados.

Un vaso lleno de cielo,
cuando la canica dorada del día sube por el horizonte
y los peces le han pedido alas al viento.

Un vaso lleno de arena,
con una casita dentro
y una playa con estrellas de mar
leyendo un libro.

En el mar un barquito de papel
en el que boga una anciana

La calle suele tener sus propios pies y nunca se detiene. Camina aunque esté sentada. Y ¿sabéis hacia donde va?

 
 
39.- DIAMANTE   40.- TODO

La perseverancia de su fuerza
ha extenuado su propia sombra,
y golpea un gong
cuyos sonidos se decantan en la llama ardiente
de la magia donde suenan destellos de cielo.

Nada hay más transparente
que la roca más densa
cuya fuerza puede sostener el universo
en sus dedos de grano de polen.
Los ojos no la ven
solo cuando los parpados
buscan la oscuridad más honda,
la distancia más extrema,
la omnipotencia propia.

El equilibrio de las columnas que sostienen el Universo. La cordura del género humano es un río caudaloso que fertiliza todo anhelo de vida.

 

Cuando el arco iris ha unido sus dos extremos
encerrando al infinito dentro de sí,
abre sus alas de ave y vuela
para posarse en el risco del tiempo.

Colores hay en el arco iris que no se ven
pero se pueden gustar con la lengua
y el ave de los sonidos
desciende hasta el río
de la linfa que nace de sus graznidos.

Por doquier,
las pupilas del arco iris llenas de cielo
han visto el mundo,
sus raíces,
su estómago,
su corazón.

Él arco iris es la lluvia cuando se bebe al sol.

Dentro de un gran teatro. En una mañana de música, de de danza...

 
Reservados todos los derechos.
Copyright © Raúl Huayna
 
Volver a la página anterior    
 
 
 
Raúl Huayna30 Raúl Huayna33 Raúl Huayna32
Raúl Huayna35
Inicio | Presentación | Novela | Poema | Pintura | Dibujo | Fotografía | Anaquel | El Autor | Contacto
Raúl Huayna34
Derechos reservados. Copyright © Raúl Huayna, 2005 - 2024. Prohibida la reproducción total o parcial de esta página.