 |
BURÓ DE POEMA |
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LA PIEL DE LOS REPROCHES |
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1.- SURREAL |
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2.- TU CUERPO |
Sueño que pasas,
idos ya.
La intransigencia en su límite,
ha tirado agua turbia
en las hojas del blanco libro abierto.
El árbol muere
y si no es de provecho,
su tronco es el pasto de la polilla,
y cuando permanece en alguna esperanza
también sucumbe en la madera.
Pedimos prioridad y no la damos,
pedimos paz y la obviamos para los otros,
¡somos justos!, decimos.
Un minuto te ha pedido la vida
para darte una eternidad,
esta ha partido,
la has tirado.
La ventana abierta
por donde mis ojos atisbaron los día hermosos,
ha envejecido, está decrépita,
y su polvo va cayendo
mientras el viento se la lleva.
Hay una chispa en lo hondo
del sueño, algo con vida,
pero es una historia distinta,
para otro libro.
La resignación suele limpiar
todo anhelo contenido
y abrir una esperanza diferente,
será cuando una nueva semilla
germine y el carpintero
diseñe una nueva ventana
que no mirará la calle conocida,
que solo atisbará su propio interior.
No más intentos de tomar
otro sueño,
que va, con una vez basta.
Alegría perpetua,
para el sueño que pasa,
es un deseo de lo extinto.
Un antiguo balcón en una pequeña ciudad. Hubo tiempos buenos sobre sus cuarteadas maderas. ¡Ah! ¿Cuando, al humano, se le ocurrirá eliminar de dentro de sí los extremos, aquellos que tienen como centro a la serenidad? |
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No te pertenece,
no es tuyo.
Lo es de de tus genitores,
de tu familia,
de tus amigos,
de la sociedad,
de la gente.
Lo es de tus alegrías,
de tus tristezas,
de tus anhelos,
de tus temores,
de tus deseos,
de tus rebeldías.
Lo es de tu casa,
de la calle,
del viaje,
de la otra ciudad,
del mundo.
Lo es de la mirada,
del olor,
del gusto,
del tacto.
Lo es del tiempo,
del calor,
del frío,
de los minutos,
de las horas,
de los días,
de los años.
Lo es de tu parentesco,
de tu sedentarismo,
de tu nomadismo,
de tu salud,
de tu enfermedad,
de tu accidente.
Lo es de tantas otras formas más
pero no es tuyo.
Tu cuerpo es una simple espora
que espera convertirse en oruga,
no lo controlas,
te controla.
Para volar, aún tienes que convertirte en oruga
y morir.
Una hoja en mi jardín. Una de las tantas cuya vida se nutre del sol y del aire y del agua y de la tierra. El amor lo mantiene viva.
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3.- SUBREPTICIO |
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4.- INCONSCIENCIA |
Hilos que no se pueden mover
sin convertirnos en las mismas marionetas
que queremos manejar.
Hilos que nacen de dedos dormidos
y que cuelgan al albur
como el sedal bajo el agua
en cuyos extremos están los dolores.
El marioneta no ama,
la tensa cuerda
lo ata al amo
y a falta de la cuerda,
cae inerte.
Hilos que unen al amo y esclavo,
insalubre esa mueca, vacía,
la decisión forzada,
la libertad condicionada.
Hilos despóticos,
que esclaviza a los dos,
pidiendo lo que se puede lograr
en consenso.
Libertad, ¿quién no ama la libertad?,
ella usa decisiones reales.
Una noche cuando toda armonía tomaba cuerpo femenino, y todo dinamismo cuerpo masculino. La calle había transformado todo destello del cielo en movimiento humano.
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Ojos cerrados por lagrimas espesas
y no hay mano que los alivie.
En la vereda cruel
las manos tienen las yemas húmedas en el dolor.
El cetro ha dado el calor
de la fría noche pasada,
y sus cenizas
se han hundido en la negrura de los ojos.
El calzado que cubre los huesos
es el mismo helor
que el tuétano resuma.
Las rodillas hincan la ruda vereda
rompiéndola con sus púas álgidas,
pues el entorno es una extensión de la vida...
de esa que fue parte de la piel descalza.
¿Una esperanza?,
la hay y está cubierta por el légamo rojo
que cada gota del dolor ha cubierto,
menester es buscar su alivio
desenterrándola del olvido.
¡Esa luz!... ¡Duele!
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5.- PROFUNDIDAD |
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6.- PRESENTE |
¿Cuánto tiempo te ha dado la vida para ser?
Y allí estás dejando ir
a cada momento importante.
Suena el río y él te dice
que lo que lleva no volverá.
¿Es el caudal que no puedes llenar en una copa?
Levantas una mano desnuda
cuando la lluvia moja
y sabes que nada podrá darte cobijo,
porque amas lo que el cielo da.
¿Sabes acaso que todo tiene peso y medida?
y si no conoces la longitud de lo ido
tampoco conoces la distancia de lo que viene,
y tienes simplemente que quitarte
esos pesados zapatos mojados
y caminar por el río que se va.
Tu sabes que todavía no has usado
esta vereda y tiene sus misterios
como esas piedras arrastradas
por el tiempo torrentoso
y te gustaría que su flujo fuera más lento
propio de tu paso de caracol.
Nada espera, todo corre,
solo tú tienes un flujo en las entrañas
que avanza como ese río
con su lenguaje de león
pero que no se ajusta al entorno de todos.
¿Pedir una gracia? ¿A quién?
Nadie te oirá, lo has intentado
y el azar tiene la fuerza de la realidad;
está predeterminado.
Lo tuyo fluye y sabes que nadie te lo podrá quitar
y lo que no es tuyo simplemente se irá
a aquel remanso inmenso de todos los recuerdos.
Desde la parte alta de una catarata, en la temporada seca, cuando en su lecho hay más piedra que agua.
En la primavera cada río seco seconvierte en una fiera rugiente y este, el de la caída de agua, revienta como las múltiples hojas de un libro cuando habla en voz alta. |
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Con las manos en los fierros
que confinan
en la parte oscura del miedo.
Mirando la luz,
pero sintiendo en la piel
solo sombras.
En derredor la historia
que empezó con una mentira
y esta ha procreado otras mentiras.
Quién pase por fuera de esta ventana
verá tan solo las sombras
que su dueño ha sembrado.
¿Llamar el viviente de las sombras
a alguien de allí afuera
para que vaya a hacerle
compañía?
Mal negocio,
mejor sería que el viviente de las sombras
rompa esa ventana,
tire los barrotes
y viva bajo el sol.
Mentira y sinceridad, dos cosas opuestas.
La mentira que no puede corregirse es una verdad.
La mentira que no es corregida se convierte en una verdad.
La sinceridad no puede ser corregida.
La mentira puede ser corregida.
La mentira no se alía con la sinceridad, pero la busca.
La sinceridad no se alía con la mentira.
A la mentira le gusta la sinceridad.
A la sinceridad no le gusta la mentira.
La mentira no acepta la sinceridad.
La sinceridad no acepta la mentira.
¿Pueden convivir la sinceridad con la mentira?
Algunos caminos llevan a elevada cumbres. Otros caminos se dirigen a escondidas simas. Ambos recorren los mismos lugares. Para saberlo es necesario caminar.
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7.- INSTINTO |
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8.- HOJA SECA |
Gruñido del dolor,
cuando la calma no es calma
y la mirada no atina dentro de la oscuridad.
El ciempiés del miedo
aúlla en su guarida
y la electricidad chisporrotea en su cubil
que no es suyo pero allí vive.
Ayer aprendiste a huir
hoy continúas huyendo,
y no hay distancia que no hayas recorrido
en la densa sombra.
Sorteas tantos obstáculos,
pero como están dentro de la oscuridad
y cómo no las ves,
para ti no existe.
De tropiezos y caídas nada sabes
pero te han llagado.
y no ves tus heridas.
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Ojos sin lágrimas,
tal como la inmensa hondura del mar
contenido en una charca.
La hondura del suelo,
la de la charca,
ya te es ajena;
tú que podías verla dentro de ti,
hasta ayer.
Tu piel reseca, ahora es ajena
a la transmutación del amor
venida del barro
y todo suspiro del cielo
te da alguna significancia.
Una última pena atesoras,
la del diminuto artrópodo
que mirando el infalible cielo
te usa como su techo nocturno.
Un lugar cualquiera. Una calle cualquiera, junto a un río cualquiera. El tiempo ha pasado aquí con tanta rapidez que ha arrancado, de las cosas, toda juventud. |
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9.- CASCADA |
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10.- AGREGADO |
El tren donde todos viajan
es un río permanente,
una riel que nace en las sombras de la mañana
y desaparece en las sombras de la noche.
Nace antes del tiempo,
en una cóncava cuna
hecha con los huesos de ayer,
y desaparece después del tiempo
en una cóncava urna
llena con los desechos de hoy.
Juega la semilla con sus entrañas todopoderosas,
su poder de crear es el ilímite
pero solo sueña
con la diminuta planta de donde proviene
y de la misma hacia donde va.
Entrañas, ¿solo servís para viajar
en el itinerario previsto?,
el mismo paisaje allá afuera,
la misma tierra de las costumbres
y el mismo cielo de los ideales.
Entrañas que colocan pasajeros
en cada estación,
sea planta,
sea animal,
sea roca,
sea neurona que las piensa,
¿solo servís para menos?
Ruge la tempestad en las entrañas de alguien,
la saca en las manos de su garganta,
con su música danza el todo,
incluido el tren de juguete en el que todos viajan.
El teatro de la vida es la creatividad permanente que proviene de un libreto ya aprendido.
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Empieza sin notarlo,
diminuto,
casi inexistente,
imposible de sentirlo,
pero es.
Allí tiene su infancia,
en la inocencia,
y crece
comiendo las horas
y bebiendo los días.
El algún momento muestra su aguijón,
es una simple comezón en la piel
que desaparece cuando la ignoras,
la olvidas.
Más tarde viene como una coz
y dobla la cerviz del que lo tiene,
aplasta la todopoderosa vitalidad suya,
la desmenuza en mixtura
que el viento no puede esconder.
¡Deteneos aquí,
aún lo crónico es agudo!
Repta el futuro en sus ciempiés de acero
y como los oídos no escuchan su raspido
los pies adoloridos caminan sin mengua.
¡Ah!, y cuando quieres volver
por las mieles de la verdad,
el can de la vida
se ha puesto en medio de la puerta
y te gruñe.
Las calles tienen las marcas de huellas, de jóvenes, de adultos, de ancianos. Todos caminan... aunque algunas personas ya no pueden hacer esto tan simple que empezó de cuatro patas.
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11.- NIEBLA |
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12.- CICATRIZ |
Sobre la superficie del agua
emergen unas rocas.
Es una senda para caminantes
de caminos no ordinarios,
se avanza a saltos y sin pausa.
La vía esta,
recorre el Aqueronte,
hasta la orilla del Elíseo.
Hay pies que conocen cada piedra
de este camino,
su memoria lo ha recorrido más de una vez
llevando el saco en la espalda
con los corazones aún palpitantes
de algunos que aún viven en la anterior orilla.
Nadie más conoce la senda
y los corazones sin sus dueños
palpitarán sin un pecho por siempre
si nadie los recupera.
Los corazones suplican,
pero los oídos en la distancia son sordos
y las lágrimas de sus dueños
mantienen el nivel permanente del río
que ellos mismos no pueden cruzar.
El incensario tiene los carbones aún sin encender. La llama que le dará calor aterida se revuelve dentro de su gruesa cutícula, espera las lluvias primaverales para liberarse de su prisión. La montaña, aún es un cúmulo de barro incandescente soñando en la cúspide sobre la cual posarse.
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La piel herida,
los labios cerrados después del grito,
el dolor guardado en una caja fuerte.
¿Quién te golpeó tan fuerte?
Supuró luengos ayes,
coágulos tirados al borde de los caminos
que no conducen a ningún lado.
¿Quién te golpeó tan fuerte?
El ictus que frenó cada latido
sellando el ducto de la cordura,
¡qué locura!
¿Quién te golpeó tan fuerte?
Pusiste el dedo del alivio,
sobre la puerta del cubil
de la que brotaban manadas de potros salvajes.
¿Quién te golpeó tan fuerte?
Lo olvidaste, sí, ya,
el látigo que cargabas,
no lo usas más contra ti.
¿Quién te golpeó tan fuerte?
La casa vieja demolida,
que las raíces de las plantas absorben
y la cubren de flores.
El cascarón de un eritrocito. Tantas idas y venidas, de corazón a cerebro y de cerebro a corazón. Los viajes explorados aún le dan vitalidad, los viajes inexplorados le matan.
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13.- MIRADA |
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14.- AVE |
Cierras los ojos para soñar;
el mundo desaparece
en su efímera luz.
Tus manos,
sutiles prótesis invisibles,
son las pesadillas de las cosas inertes.
Inertes son:
los sonidos sin instrumento,
el baile sin el viento,
las ideas sin cerebro,
el barro sin henchir,
la muerte sin vida.
Tus ojos,
dos faroles apagados,
y uno, el tercero,
brillando en la oscuridad.
Tus manos,
activas,
dando vida a las pesadillas.
Las sillas descansan. Se han puesto a dormir, colgadas del piso como los murciélagos de su cama.
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Dos junglas monocromáticas ocupan la inmensidad,
de extremo a extremo;
arriba la del cielo,
abajo la de la tierra.
Azul la de arriba,
el color del sonido de engranajes de reloj
rotando indefinidamente.
Metálico por debajo,
como el hierro no aleado bajo la intemperie,
roído,
ensamblado en una multiplicidad infinita de ruedas dentadas.
El laberinto del cielo,
es el espejo donde se mira el dédalo de óxido,
ambos imposibles de surcar sin brújula,
sin una estrella.
Las alas del noble bruto,
aletean y planean.
En los ojos del auriga brilla la estrella polar,
hoy le toca migrar a sus cuarteles cálidos.
Es el mejor momento para el viaje;
más tarde,
el aliento de Ares
levantará terribles vientos rojos,
y traerá la rudeza del invierno.
Dos relojes rotando.
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15.- DISTANCIA |
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16.- TRUENO |
Ese lugar
después de la larga caminata,
y de la música servida en hondas tazas.
Había en el camino,
brasas emergiendo de la tierra,
guijarros al rojo vivo
hundiéndose en la carne
de quién no previó un calzado.
La carne no olvida,
y aún los nietos recuerdan en su piel
las quemaduras de sus ancestros
en ese camino.
Está el solaz aquí,
de la lágrima,
de la esperanza,
al ritmo de la danza servida en hondos platos.
Había en el camino
guerras levantando espadas,
cortando carnes
de quién no buscó la serenidad.
Los cuellos tundidos no olvidan
y aún los nietos recuerdan en su piel
las heridas sangrantes de sus ancestros
en ese camino.
Está el vigor aquí,
de la siguiente marcha
del canto servido en hondas ambrosías.
Había en el camino
apuros inmensos,
que ampollaban los pies
de quién no usó el corazón.
Las masas de gente no olvidan
y aún los nietos recuerdan
los supurantes pasos de sus ancestros en su piel
en ese camino.
Un paso, dos paso, tres pasos... Los pasos siempre van en alguna dirección. |
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La maza que golpea la montaña
es el aleteo del cóndor;
su fragor como el de una bujía encendida
en mitad de la noche,
es terrible como la electricidad
que anuncia un terremoto.
No te atrevas a oírla,
porque si fuera así,
esa simple brisa
rompería las bóvedas del cielo abiertas de azul
en la mitad del día,
y sus pavorosos destellos
serían semejantes al helio del Inti
explotando entre el magma generatriz.
Cielos tormentosos te esperarían,
y bajo relámpagos caminarías,
y cada sinapsis de las montañas
te arrastraría hasta el centro pensante
que da origen a cada vaso sanguíneo
que recorre la entrañas de la tierra.
Cúbrete de la lluvia,
porque si no lo haces,
te disolverá como a una migaja de sal
y sus ríos, que son tantos individuos juntos,
buscarían contigo el remanso del apocalipsis;
entonces crujirían en conjunto los dientes y las coyunturas
en rápidos y cataratas.
Permanece en tu cubil,
allí no llegará la raíz luminosa
que extiende sus nudosas ramas de ozono;
su espantoso crujido rompería los lomos de la inercia tuya.
Y, si finalmente,
pudieras verte en el espejo del manantial,
te verías como a una frágil semilla,
echando de sí
a dos hojitas verdes y a una delicada raíz,
todo de sonido.
Un acantilado, de cuyas ramas, brotan cóndores.
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17.- MANTRA |
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18.- FORTUNA |
Era el silbido de la serpiente,
enroscado en la médula de la piedra,
cuando el magma aún no había pisado tierra.
Sus ojos,
llenos de muerte,
aún se guardaban la guadaña
que cortaría el ombligo de toda cerviz.
Ahora habiendo roto el cascarón de la roca
y habiendo salido de la horrenda boca,
se ha mostrado como dos blancos basiliscos
ahítos de fuego para derretir toda carne.
Es necesario cerrar los ojos para no perecer
arrastrado por sus vendavales,
cerrar la lengua en un arcón seguro
donde no otra llave que la del silencio abra.
Los oídos, sí: ¡abridlos de par en par
como cuevas para dar sosiego
al susurro reptante de la tormenta de fuego!;
rayos hay,
relámpagos hay,
truenos hay.
El túnel del tiempo, abierto. Pueden venir de allí, todos los tiempos.
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El simple destello de una mirada tras un prisma,
la que sabe,
la que conoce.
La rueca que ha hilado la cordura,
cuyo hilo se desenreda de su madeja
por otra mano exorable
si se lo pides.
¿Cuántas manos usan de este hilo?
Tres manos.
La que te parió,
la que te da la vida,
la que te enterrará.
¿Obviarla quieres?
Puedes hacerlo,
rompe la rutina del cordón umbilical,
toma la mano amada
y vuela al infinito propio.
Un domingo hubo música a raudales. Un concurso de danzas. Los ríos con sus caudales repletos de música iban hacia el mar de todas las emociones humanas. Nada apacible, las aguas corriendo entre rocosos obstáculos que coloca el tiempo en medio de la corriente. Corría el sonido por su cauce etéreo. Corría la gente por su cause de calles. Corría la danza por el cauce que la relatividad puso, en cuatro dimensiones, en los sentidos humanos.
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19.- FOBOS Y DEIMOS |
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20.- MINUTOS |
Los corceles de la guerra recorrían los campos;
la ciudad no era una excepción;
no había un lugar donde esconderse
de su llameante espada
que cortaba cervices
y tundía lomos.
Lamía la humedad de toda sangre
y arrancándola de las venas
la esparcía pulverizada
convirtiendo la vida en un rojo desierto.
La ira pulverizada remolineaba la roja arena
y sus manotazos intentaban lanzarla
contra el infinito
para conquistarla entera.
Los cuellos más resistentes del cielo
caían cortadas;
las vigorosas espaldas de las constelaciones
terminaban despedazadas por el azote.
Toda llamarada estelar
y todo titilar,
era ya sangriento
y nadie había para impedirlo,
pues todos ya no podían.
Extinta ya la cordura,
todos suspiraban por un mundo maravilloso
con el vientre ahito
de rojo miedo y terror.
"Necesitamos un redentor", finalmente
gemían las bocas,
"Uno, más violento que aquel que trajo el rojo desierto".
La piel cintila electricidad.
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Es una carretera llena de distancia.
Es un pesado saco
lleno de minutos.
En los estantes
de Láquesis están,
y tú, tienes que tomarlos.
Te dan a escoger uno de ellos,
o ambos a la vez.
Si coges uno de ellos,
pronto tendrás que volver por el otro
para satisfacer tu hambre.
Si tomas ambos,
podrás untarlos en un pan
y comértelos.
Pero, ¡espera!
tienes que saber
que tú los elegiste
muy temprano,
en el amanecer
y tal vez ya no recuerdes.
Moléculas de oxígeno. Cosas que a respirar incitan sin necesidad de saberlo. Libros, en las rumas de una biblioteca, cuya turgencia se puede masticar.
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21.- DOBLÓN |
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22.- AGUIJÓN |
El final del día ha llegado,
y los árboles han dejado caer todos los minutos
de sus ramas.
Ayer,
es un minuto atrás,
es la semana pasada,
es el año que se fue,
es la centuria usada,
es el milenio vivido,
son las hojas secas que el viento arrastra.
La moneda ajada,
ha caído junto a una fuente de agua.
No tiene raíces,
y la nutritiva savia que circula en sus venas
está fuera de sus entrañas.
Su pulso palpita en el minuto gastado,
en el tronco de sus ancestros,
cuando el brillo del sol supuraba de su piel
de metal.
Naufraga el tiempo en un vaso de agua,
y tu boca,
que podía beber ese néctar,
está en los minutos que han brotado recién
de sus ramas.
Mañana,
es un minuto después,
es la semana venidera,
es el año por venir,
es la centuria flamante,
es el milenio por vivir,
son las hojas verdes que el viento acaricia.
¿La cima o la sima? ¿Buscas el horizonte?
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El fuego que le quitó la llama de su corazón
es la misma astilla
que las centurias traen de cuando en cuando;
es la misma espina
del bicho que inyecta el tóxico en la testa débil del/ bárbaro.
Su rincón favorito
no lo albergará más.
Su hogar,
la casa que deja,
no será más.
La calle conocida,
la que llevaba su vida,
no volverán a ser.
El parque de diversión,
roído por el egoísmo mendaz,
sin ripio alguno no le dará más solaz.
La madre suya le llora.
El padre suyo, le llora.
La esposa suya, le llora.
El hijo suyo, le llora.
El nieto suyo, le llora.
El hermano suyo, le llora.
El tío, suyo, le llora,
El abuelo suyo, le llora.
La abuela suya, le llora.
El amigo suyo, le llora.
La amiga suya, le llora.
Su humanidad mutilada
ha sido tirada en una zanja
abierta en la tierra quemada;
comparte el mismo pozo
donde tiraron otras humanidades,
y quizá,
la piadosa mano,
caiga también en el mismo fango.
La ponzoña que le quitó la cálida llama del corazón,
le arrebató todo lo demás.
El bárbaro no está contento,
pide más,
sus ancestros,
sus descendientes.
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23.- ERMITAÑOS |
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24.- MIS OJOS Y OÍDOS |
La ruda piedra descansa en el lecho del viejo río,
la inercia ha hecho de su aliento
el rojo silencio marciano.
Las flácidas extremidades cuelgan de la antítesis/ dormida,
de los ojos cerrados,
de la boca susurrante.
El cielo ha apagado sus luminarias,
de un soplo,
de un aletazo de mariposa gris.
Nada suena,
toda música se decanta en el poso del pentagrama;
las ideas tan gritantes del pasado
han encerrado sus vientos
en un odre sin abertura.
El fuego arde al lado de la vil piedra,
apagarlo es imposible,
los torvos huracanes la avivarán
en la garganta de una flauta.
La aventura del suspiro.
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El mullido lecho me arrulla.
Mi fiera anatomía ha apagado sus fuegos;
mis bíceps son la lluvia que descansa en la hoya;
mis pantorrillas son la roca pulverizada de junto al/ mar;
mi corazón es el viento que descansa en la rama/ inmóvil;
mi cerebro el titilar de las estrellas con el sol al/ medio día.
La ruda materia de mis huesos es la del hierro de la/ guerra.
Pero hoy está en paz,
es el hierro de la sangre del cristalino río,
es el hierro abrazado a la fértil tierra,
es el hierro allende en el infinito de la memoria.
Soy la idea rondando la pétrea rigidez de la piedra.
Y no me decido por regresar a esta, la piedra,
porque si lo hago me convertiré en ella,
y mis límites muertos abarcarán el infinito.
Entonces mis remos pisarán la yerba
que jamás volverá a crecer.
La siesta.
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25.- CERILLA |
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26.- RUGIDO |
La guadaña no perdona
en esto su vejez crece.
En su faena,
los pies suyos,
han decidido caminar sobre
la sangre de cada atardecer,
a olerla, a gustarla, a untarse
la piel de cal con el carmín.
En sus manos toda esperanza se aja
cayendo pesadamente
hasta el fondo de la semilla del día
sobre la cual camina
con su sandalia de huesos.
Una rama cortada del cielo,
por la afilada hoz,
cae encima de la líquida hojarasca roja,
allá va todo el producto del cielo
en cada otoño del día.
El continuo goteo de hojas
son los números del almanaque.
La huesuda mano es incansable
cuando se trata de enviar
todo lo usado al tacho.
Una caminata en el atardecer. Un momento en que cada color atmosférico huele a calma y combina con una ensoñación prestada de los orígenes del tiempo.
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Los labios de la fiera eructan tempestades
y, la presa escondida en su cueva
ve el arco iris de los temores
moviéndose en el iris de sus ojos.
Gruñe el bípedo,
estira la zarpa,
y lanza el mordisco
en la garganta cuadrúpeda.
Hay agua en los caminos,
hay lodo,
hay vegetación en torno,
y cada rugido golpea la tecla sonora
de todas las fuentes.
Los jugos gástricos balan
en el corazón de la rima
y el cérvido devorado
es la inspiración de todos los vientos,
es la madre que atiza el fuego de los aullidos.
En un concurso de sikuris. Un día festivo en lo alto de una montaña.
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27.- ENTRAÑA |
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28.- RELOJ |
Es una semilla que ha brotado otras veces.
La cáscara tan dura suya
solo el agua de las honduras de fuego voluntario
puede disolver.
El viento no llega hasta allí,
no puede la mirada más tenaz,
y los corazones de los olimpos
solo leer pueden en manuscritos de siempre,
en sus bibliotecas.
Camina la raíz,
nada,
vuela ella,
y mirando el cielo profundo que no es negro
hoy lee lo que escribirá mañana.
En el cofre hay gemas
que ayer fueron humanos,
suelen salir de cuando en cuando alguna noche
y titilar con sus hermanas allá arriba.
La tapa... ¡Sí!, la del cofre,
cerrada siempre y es necesario
abrirla desde adentro.
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Camina el caracol y con sus pies arrastra
al séquito que se atrevió a seguirle.
Sabe que nadie está más hipnotizado
que el engranaje del día
en su movimiento perpetuo
y simplemente allí cada persona
es un minuto o es una hora,
es el tiempo que circula en su flujo.
Polvo hay en las orillas de esta senda,
polvo que repta
cuando el viento susurra una tonadilla
de ignorancia,
sabe que lo humano tiene allí
todos sus sueños
y necesita una gota de sangre propia para medrar.
Caminaba yo por allí, por las calles, cuando decidí poner mis pies sobre un mosaico de ajedrez que cubría un pasadizo. Simplemente mis pasos me llevaban hacia la iglesita que se encuentraba en el centro de un cementerio, una construcción de piedra del siglo XVIII. Lápidas habían por doquier... detrás de los árboles.
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29.- SILENCIO |
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30.- RECORDANDO |
El fuego no encendido incendia su propia inmensidad,
crepita intensamente en su hueso,
en su médula.
La densidad de la noche aplasta su propio color
dentro del carbón,
¿quién sabe si para algún momento
se convertirá en diamante?
Minutos, horas y días, revueltos
en un licuado de siglos
como el hidrocarburo
bajo unas manos petrificadas.
Un cartel pende afuera de la puerta,
con la caricatura del vacío,
todo ojo lo ve
y tantas cosas se dicen sin decirlas.
Soñar, solo soñar,
y la magia de la acción
empuja el sol tras las montañas
durante la noche.
Una casa rodante. Una sala, un comedor, un dormitorio, varios compartimientos más, todo rodeado de un inmenso patio. La privacidad es absoluta del amo de esta llamativa vivienda. Todo rincón atesora una historia para relatar y en la biblioteca hay un espacio cómodo donde se guardan libros. Aquí es posible encontrar una mesa, una silla, tomar un libro y leer.
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En el promontorio más elevado,
leyendo el libro abierto del panorama
en la página leída varias veces.
Se es cuervo o simplemente águila
para tener todas las emociones del mundo,
allá abajo.
Todos los afanes van con pies apurados
desde el levante
hasta el poniente.
Las estaciones del año
son los simples rostros que el día acuña
en cada moneda que los afanes lanzan
en la boca de la hucha con forma de sapo.
¡Ah!, este batracio,
de un salto se sumerge
en el líquido caudal de la calle.
Las astillas de un árbol perduran cuando ya las raíces se han emparentado con el polvo.
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31.- ¡AY! |
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32.- DESDE LA RAMA |
Una huida hasta allí,
a esa isla en medio de todas las calmas exóticas,
no hay puertos en ella
ni nada que sirva para alcanzarla
pero se llega hasta allí.
Las aves no pueden,
los peces tampoco,
alas y cauda no sirven,
pero se llega.
No hay criatura viva
que se haya esforzado por sí misma
hasta allí,
hay fuego que lo queme
o hielo que lo paralice.
La isla recibe a todos
pero no los deja ir,
es una mano con tentáculos
que nacen de la propia convicción
de saberse allí.
El solitario metal y sus múltiples aliados. El faro y su luz. Si caminas por esta calle te toparás con el hilo que en algún momento cargaba un áncora para marcar la hora.
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El tiempo es una gota de agua,
en tus manos.
Una gota de agua,
que dejas caer en un océano;
esa gota que cobijó
toda vida.
Líquida palpitaba en tu palma
con los corazones del infinito.
El tiempo muere,
la gota muere,
ajada ya de misterios;
vuelve la eclosión
al huevo que lo parió.
Ese océano bebe a la gota;
ha bebido ya a otras gotas,
tantas otras gotas
que su memoria no las alcanza.
Nona, dio vida a esa gota,
Décima, dio la extensión a su vida;
Y tú, Morta, la acabas de cortar.
Nona, tejerá otra gota;
siempre es así.
Simplemente su mirada va de izquierda a derecha, o viceversa; va de aquí para allá...; va a todas partes, líbremente. Su mirada viaja en todas las direcciones, supliendo sus carencias.
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33.- BOCADO |
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34.- VASO |
Un dosel al frente
como las cataratas de un anciano.
Las manos,
llevadas por delante,
para limpiar los vidrios
en las ventanas del día.
Hay sombras sí,
pero no del mundo,
sí propias,
esas que se cargan
en las espaldas
y se llevan consigo
por los caminos.
Sombras puestas
en la mesa de las comidas
para untar los panes de la nostalgia.
Caen del caño
en la tina del baño,
desde antaño
hasta hogaño,
para el baño.
Es la cama que duerme,
las pesadillas
del Edén,
y la gloria
del Infierno.
Es el zurriago que arranca la piel
de la cordura;
y la sordura
impone su dominio.
Las sombras de allá afuera,
han salido de allí adentro
y como negras mariposas
vuelan hasta el infinito.
Piedras, y son las que asfaltan todos aquellos caminos de tiempos atrás. Primates, habían, corriendo hasta sus alturas. Hombres, hay, que corren con las misma intención. Su nombre no ha cambiado a través del tiempo, solo que no suena igual.
Hay templos en todas las direcciones. Algunos templos no son míos. Algún templo es mío... en la hondura mía.
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Las manos abiertas hacia el cielo,
la mirada postrada hacia el piso.
Las rodillas hundidas en la piedra;
en esa piedra cuando joven,
hoy piedra vieja.
Los labios susurrando
la pres permanente;
los huesos y la carne petrificados
como estacas que las mazas
hundieron en la piedra.
El día y la noche desposados para siempre,
y en medio del baile de estos
la espalda doblada del penitente,
de hinojos siempre bajo la intemperie
la que pone arrugas
en toda faz.
Del polvo fue sacado,
al polvo aún no ha vuelto;
y el viento espera resueltamente
tenerlo entre sus dunas.
Persiste la pres,
y cuando los ojos
rodeados de negras sombras en el cielo,
tal como dos lunas en lo alto,
desisten ante la luz de una aurora
de otro mundo.
Caen las manos,
toman el vaso para su sustento
puesto en la vera del tiempo
con el líquido que es la sangre ya fría
de todos los carazones
que han machacado el gong de la vida.
El agua hace olas de tempestad;
la calma no es para un vaso que lo contenga,
y en fin,
los labios beben un sorbo.
Orillas hay tantas. Y son como los humanos, se acercan siempre a los flujos o los remansos. |
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Reservados todos los derechos.
Copyright © Raúl Huayna |
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