 |
BURÓ DE POEMA |
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EL AZAR ABSTRACTO |
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1.- CUMBRE |
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2.- DUAL |
La tarde aletea con alas de mariposa
por encima de la ciudad,
su viento arrastra el helio atmosférico
que los pulmones de los cerros respiran.
El buril yace tirado en el piso
en medio de esa pequeñez de la vida;
su filo aletargado
se mece al vaivén de las olas erosivas, y
los óxidos invaden sus nervaduras de hierro, y
las sales roen sus sesos indómitos de mineral.
La calma chicha ha caído en la mar,
su ímpetu de mil borrascas ha perdido músculo;
la escultura de los acantilados,
sus bellas anatomías, no va más.
Las embestidas violentas de las pantorrillas
han saltado de la verde hierba a la seca duna;
han trompicado del infinito del cielo a la pequeñez del bártulo.
Siempre hay carbono en el filo,
pero...
La relatividad de una neurona. La duda del bíceps. |
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Un susurro...
dos susurros...
los necesarios en las entrañas de la tierra,
los cantos del fuego perenne
enlazando lo femenino y lo masculino.
Los susurros han sacado del magma
una gota de cristal
y esta ha flotado
entre la intemperie candente.
Un anciano,
¿qué diferencia hay si digo que es un niño?,
ha tomado aquel vidrio
y con sus manos le ha insuflado pétalos luminosos
y tallos y raíces.
El anciano planta la semilla
en aquellas profundidades,
en el barro de todas las edades
y en el líquido de todas la esperanzas.
Una rosa, la reina de las flores, en un jardín cultivado. Todo lo que tiene, lo debe al sol. |
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3.- NEURONA |
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4.- INTUITO |
Así de simple es una mirada
cuando el espejo habla de alegrías
que ningún viento disipa.
Es una implosión luminosa
que arrastra lo conocido
a lo desconocido.
Toda vida tiene alas en su cielo:
el viento,
la palabra,
la acción,
que aún unos ojos sin brillo
pueden ver.
Destellos hay allí
y conjugan con sus propias corazonadas,
destellos que son lámparas
colocadas en los oteros marinos.
Una mano tendida a la otra,
a todas las manos,
con el calor de un abrazo.
Cuando las zampoñas han cerrado sus labios y se han sentado en unas sillas al igual que la danza. |
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Hay un lugar en las honduras escondidas,
en ellas palpitan, una lágrima
o una gota de sangre azul,
las que dan color al cielo.
No pienses,
no lo hagas,
es lo más primitivo que empieza
tomando del mar de la vida
la salinidad del icor
y la combina con los crepúsculos.
Simplemente suena,
suenan tus manos,
suena tu garganta,
suenan tus pies,
tal como la matriz.
La danza y la música vibran en el barro humano. |
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5.- ALGUNA META |
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6.- MISTERIO |
Había puesto un pie en la gloria
y su otro pie aún no salía de la húmeda tierra,
era la raíz que bebía gustosa
los cantos de un cielo negro como la matriz
cuando diagrama dados de papel.
Una fuente nació en lo alto,
donde el cielo tiene recuerdos de su infancia.
El agua llega allí con la sutileza
de una palabra susurrada
en un oído acostumbrado a la música,
es un bocado de manzana edénico.
La fruta esa masticada
ya por la fianza absoluta de la matriz
cuando diagrama esferas de papel.
En las afueras de Lima. En ese desierto intenso como un árbol seco. Todos los espejismos se levantaban del quemante suelo al paso del bus en el que yo viajaba. |
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La colina a la que nadie ha llegado
simplemente porque no la conocen.
Un camino labrado en el mismo acantilado
sube hasta su cúspide,
allá arriba un arquitecto ha hecho de la piedra
la construcción más solemne.
En el centro de todo,
una mujer vestida con regios vestidos del futuro
descansa en un trono
flanqueado por espantosas fieras.
Una flor roja hay en sus manos,
una flor que fue blanca,
que fue negra,
que tuvo todos los colores,
antes de ser roja.
Los jardines suelen ser el resultado de unas pantorrillas saludables, pues estas son columnas que soportan corazones sanos. Un corazón palpita con el vigor de poderosas extremidades.
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7.- TRUENO |
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8.- MONEDA |
El aguijón del arado,
la pluma cargada de renglones,
la gota de agua que golpea el remanso,
las alas de cristal del coleóptero,
son los ventanales abiertos
por donde las hojas arrancadas de los libros
toman alas de carbón pintado.
Una banqueta en la plaza
donde el reloj de la catedral,
sentado, contempla palomas.
Suenan las manos. Suenan los labios. Suena la pampa. El salón de deportes se convierte en salón del sonido y de la danza. |
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Tienes una moneda en la palma de tu mano,
la arrojas a lo alto,
en tus ojos brilla la indecisión.
Vuelve la moneda a tu mano,
convertida en lágrima,
y sus alas de cristal ronronean un momento
antes de volar.
Tienes otra moneda,
ya no la arrojas a lo alto,
simplemente te contentas con mirarla
porque sabes lo que tienes.
Una de las más de tres mil danzas del altiplano, suena a viento, a lluvia. O simplemente es el suspiro del tiempo en el instante cuando piensa. |
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9.- SUPONGO |
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10.- CONVERSANDO |
Gira una rueda,
es un remolino en el río,
un camino en la palma de una mano abierta.
Gigantes hay allá adelante
y en la mano llevas una honda
para lanzarles los versos arrancados
de la raíz del cielo.
La tonadilla que susurras
trae la tempestad,
esos arrullos que necesita el hidrógeno del sol
para calentar los metales de cada corazón.
Un rostro es una calle por donde transita mucha gente. |
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De piedra está hecha la palabra,
y hay tantas que sirven para hacer un edificio,
una escalinata,
o un sendero.
Piedras para conversar con ellas,
para caminar con ellas,
para darles alas
y volar con ellas.
Piedras que sonríen
con el crepúsculo cuando el tiempo se hunde
en sus sueños.
Piedras que auscultan los secretos,
que las mismas personas
olvidaron en un pedregal.
Piedras para contarlas una por una,
las tantas que hay,
y ponerles una neurona nuestra
para pensarnos.
Un antiguo templo de piedra.
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11.- RECÍPROCO |
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12.- MENSAJE |
Dos manos tiene la vida,
dos cerebros,
dos ojos,
dos corazones.
Un matrimonio es el sonido,
es la sístole y el diástole
en un mismo corazón.
Suena el tiempo
en su cubil de fiera
y mientra duerme
sus engranajes
son de arena.
En fin,
la reunión absoluta
del anverso y del reverso
en una moneda de oro.
Arca e ira en connubio, cuando la tarde colocaba colores amarillos en las cosas. Saltaban los sonidos de cada caña tan igual que cuando el bambú guardaba, en los aposentos de su humanidad, la miel del cielo. |
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En ese sobre que flota en una corriente de aire
viaja el gorjeo de un halcón.
Es una leve pluma
que lleva escrito un "te quiero" en el vexilo.
Es el susurro de los ojos del cielo,
puesta la mirada en el simple murmullo
de una flor.
La simple pluma remonta
el huracán de cada palabra del tiempo
y se posa sobre las nubes.
Suena sí, en los oídos lo que la tarde prevé. Musita el verbo una canción. Todo sonido es el tránsito a la vida. Transita el niño. Transita el joven. Transita el anciano. Transita la vida.
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13.- FARO |
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14.- SONIDO |
Del horizonte surgen las primeras horas del día,
el primer calor,
el primer ¡hola!
Todo aleteo nocturno
recoge sus alas membranosas
en el cubil propio.
El océano entero
es un tintero
que la pluma absorbe
para escribir el día.
Oro fundido es escanciado en el crisol del mar,
calores que darán el color de toda savia.
Cuando la danza y la música hicieron de sí todas las horas del día y de la noche. Las horas tomaron unas sillas y se sentaron en la orilla de las calles para atisbar el comportamiento humano, ver sus miles de incansables pies. |
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Llueve a raudales
cuando mis manos pulsan
los agujeros de la quena.
Tengo los labios
metidas en la matriz del sonido
de las que nacen bandadas de aves canoras.
Las aves llegando al cielo
toman los extremos de un arco iris,
y con él,
en bandadas de origami,
fabrican una flor.
La noche tiene un lado luminoso, una realidad, una verdad. |
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15.- AL OÍDO |
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16.- UN DÍA... |
Rotundo el cuestionario que entregas,
quién puede responder lo ha aprendido.
La prueba que colocas en delante
tiene las preguntas de siempre,
lo que tantos oídos han escuchado mil veces,
y mil veces han fallado.
Tu rostro es hermoso,
sin la máscara de las pruebas,
pero todos conocen tu máscara,
y se espantan
siendo más espantoso lo que tienes bajo la máscara.
Entre amigos
sueles tener la cara lavada
sin las arrugas del ayo.
Por ahí, caminando en la noche, con unos amigos, entramos por una puerta cuyos goznes sonaban a viejos tiempos. Vi este rostro, un rostro que nos miraba, un rostro que se quedó mirando a mis amigos. |
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El tiempo es voraz,
no deja tuétano sin roer,
ni ancestro para recordar.
Lame la lluvia que se sucede en cada cerebro,
y con ella crea arcos iris
que cualquier mano puede tomar
usando colores étnicos
para sí.
Gime la parturienta,
no por sus entrañas
sino por el sumun
del ovario de una flor.
En mi jardín, cuando el sol alumbraba con todos sus colores después de una noche lluviosa. En un momento en que toda vida busca permanecer. Cuando toda planta saca del cieno su vitalidad. Cuando toda raíz succiona su despensa porque debe nutrir sus tallos, debe dar los mejores colores a sus flores, debe dar los mejores aromas a la vida, debe engordar sus frutos, debe dar la mejor semilla. |
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17.- PUERTA |
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18.- AROMA |
La puerta está abierta.
Hay una ventana en esa habitación
dibujada con un lápiz de grafito
por donde entra el sol de la tarde,
y de ella salen flotando versos escritos,
tales como palomas
o mariposas.
Suena cada bisagra
cuando el viento con su aleteo de abeja
mueve la puerta.
¿Qué hay en esa habitación, aparte?
Soplidos de avecilla canora
en la quena suya.
Rostros en abundancia hay en la tarde. Rostros que año tras año vuelven al mismo lugar. Todo rostro ha sido trabajado en barro por cada alfarero. Algún alfarero ha trabajado el rostro suyo y el ajeno. Algún otro alfarero ha trabajado solo su rostro. |
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Salen de tu garganta,
son palabras,
son las naranjas
cuya miel
el cielo del alba colocó en sus gajos.
Brotan de tu piel,
como el aroma
de la sangre azul
que da color al cielo.
Brotan de tus manos,
como el negro de
esos lápices de color
que las montañas usan
para crear sus propias sombras.
Una mano retiró la gran manta negra de la noche y debajo de ella apareció este panorama. |
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19.- RELOJ |
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20.- AZUL |
La saeta que salió del arco
se ha hundido
en las carnes
de los veranos e inviernos.
Danzaba ella como las estaciones alrededor de una flor. |
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La reina del cielo,
lo fue siempre,
lo será siempre.
Lo humano es una simpleza esporádica
que aún no ha nacido,
y como tal aún se gesta
en el vientre de su madre;
tal vez mañana,
cuando rompa el cascarón del cielo,
Ares brille con una luz azul.
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21.- EN MEDIO |
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22.- ARGÜIR |
El camino es una hebra de hilo,
en la distancia se enrosca
en el ovillo de la mañana.
Hebra y ovillo son caballos y carruaje,
corriendo por la inmensidad de la pampa.
Muchas horas de viaje
y una aldea a la vista,
con los tejados húmedos de la lluvia.
Un cochero que lleva respuestas
en baúles de encomiendas
que debe dejar en el buzón correspondiente.
La música suele tener días festivos. Pasear puede... |
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Un torbellino salido de un engranaje
cuando pedalea el tiempo
alrededor de una flor,
o cuando un lienzo cuelga de una pared
luego de ser pintado con susurros
que trasuntan una ventana abierta a la primavera.
Una palabra viene,
de los labios de una gota de lluvia,
cosa que en los oídos
se convierte en palabras nuevas
golpeando el pavimento
y que el viento puede levantar
como las hojas amarillas
escritas en un diccionario de fragancias.
Tanto decir,
en una sonrisa.
Ondas en el agua, rotando, alejándose con premura hacia los horizontes abiertos en la lejanía. |
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23.- DIALOGO |
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24.- DIALECTO |
Dos alas abiertas
batiendo los aires.
El ave,
el producto de sus alas,
bogar puede
por el convenio de estas.
El ave,
es una de esas cosas
inertes
que las alas no conocen
cuando aquella permanece en la rama.
La realidad nacida de dos voluntades. Una dirección al final de dos caminos. El pálpito de dos corazones.
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Llovían mariposas.
Cada par de alas,
aireaban los calientes ejes
de las saetillas del tiempo.
Engranajes había
donde se posaban las mariposas,
para beber el lubricante de los minutos.
Había quién miraba estos relojes,
estancados en los gajos
de las horas.
Había quién solo oía los aletazos del tic tac
saltando de flor a minuto
y de minuto a flor.
El día, con sus manos, cogía los minutos que reposaban en los labios humanos.
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25.- NÚMEROS |
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26.- ¡HOLA! |
Suena el sendero.
Suena a nubes
dibujadas a lápiz.
Suena a lluvia,
tecleando versos.
Suena a viento,
manoteando oleos en un lienzo.
Suena a día,
mirando desde pequeñas ventanas.
Un canto que se escurre en el cause del oído. |
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Una guadaña
siega al tiempo
en manojos de minutos y horas
al borde del sueño.
El día es una calle donde camina alguna gente
por las veredas
donde se acumulan estos manojos.
La calle viene del sueño,
de debajo de aquella manta negra
que alguien tiró sobre las horas cansadas
de otro día.
La calle va rumbo al sueño,
subiendo los peldaños del péndulo
que se interna en los bostezos.
La vigilia a los pies del sueño.
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27.- POEMAS |
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28.- COLMENA |
Una antigua máquina de escribir
golpeada por inclementes dedos
que gorjean en una rama
de la fronda del día.
Se abre la ventana de la casa esa,
donde viven ensueños
de tic tac que no son de reloj.
Aletazos entran por esa ventana,
aletazos de ave canora
Aletazos salen por esa ventana,
aletazos de abeja.
Canto rural,
canto urbano,
sonido de péndulo
de ave presa.
Canto de vieja máquina
con péndulos en vez de teclas
que cuelgan
de una flor nectarina
cargada de polen.
Un libro abierto en la página del índice. |
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Una hoja en blanco,
con algunos versos escritos a pluma,
flotando sobre el viento.
Los versos son aves,
algunas aves,
y tomando vuelo
van en diferentes direcciones
del albur de la tinta escrita.
Cada color, en su paleta, es un remolino pintando un lienzo recién estrenado. El día se ha encendido cuando un interruptor fue pulsado algunas horas ya y ahora, el sol solitario, en su rincón del cielo, arropa la escena de las saetillas rotando alrededor del eje de la mañana.
Son brochazos de color de la raíz a sus hojas, a su tronco, a sus flores. Son golpes de pluma, rasgando el papel con sencillas palabras; palabras que algunos oídos dan la complejidad de un gruñido o la simpleza de un susurro.
Magia hay en la piel de la palabra cuando transforma los razonamientos en corazonadas. Un producto que se consigue en el caro lienzo del mejor libro.
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29.- DOS MANOS |
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30.- CHISPA |
La savia suena:
es música,
es polvo,
es roca,
es danza.
Es el fuego,
de la mano sumergida en el agua,
danzando
en el centro de los puntos cardinales.
Dos canicas rotando... Dos canicas en juego. Dos niños jugando sobre el pavimento. Es el momento en que el sonido del cristal zumba como cualquier astro del cielo.
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Un grano de arena levanta una montaña,
desde sus infiernos,
hasta sus cielos.
Es el fuego de la hojarasca en el hogar,
que mantiene la piedra líquida,
para fluírla en ríos de bolígrafo.
Es la tinta
que escribe una historia
para verla desde los cielos.
En un concierto, ejecutando sus propios instrumentos. Su música tiene el misterio de una hoguera encendida en los subterráneos planetarios que serpentean bajo las cordilleras continentales. Suena en terrenos donde no hay cúspide y no hay hondura, no hay largo ni ancho, no hay pasado ni futuro; pues estos son conceptos tridimensionales no aplicables aquí. |
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31.- INTUICIONES |
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32.- CUCHARAS |
Una perla de agua no es una lágrima,
es la gota de miel que la aurora húmeda
le arrancó a las flores el día de ayer.
No es el momento en que la gota
busque el blanco disfraz de la nieve
para danzar al compás de la alegría.
La gota es el océano del cielo
con toda la simpleza
en la mirada de un niño,
de aquel que bebe la miel
jugando sobre la nieve.
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Llovió,
y había tanta agua
en los pozos donde la mañana se bañaba.
El color de los árboles
y el de la tierra húmeda,
era la música pura que circulaba
por las raíces de los pozos.
Por sobre todas las cosas,
estaba la sílfide,
que pulsaba las cuerdas de la lluvia;
y cantaba ella.
A sus pies los pozos eran esos cántaros,
que se llenan de lluvia;
son esas manos abiertas
que siempre dan.
Las manos batían la tierra misma; batían el címbalo donde crecen los días.
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33.- COLGANDO DE LA RAMA |
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34.- ORTO |
Sus nervaduras son pigmentos que hablan
en las copas de los árboles.
Negros pigmentos,
ayer verdes,
trepando por el recio tronco de los dramas
a tecladazos.
Le ha llegado el otoño,
y los vientos soplan con fuerza;
habrá un momento en que se desprenda de la rama,
para entonces llegará el invierno.
El calor de la mejor estación del año,
está en sus nervaduras,
la vitalidad del verano en la amplitud del haz y del envés.
La frescura de los vientos
con el aroma del agua
y la pluma cargada con negra clorofila primaveral
es el primer recuerdo.
El invierno es la muerte,
es el fin,
la extinción,
la vuelta al humus;
es la crisálida abandonando el cascarón
para tomar nuevas alas.
Tomé dos hojas secas. Ambas amarillas, ya; con las rugosidades negras que la imprenta de las estaciones lanzó por los aires. Volará con el viento... más allá de toda frontera. |
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Cuando el sol es un ave
batiendo las alas encima de la noche,
el tiempo navega en un barco de papel
rumbo a un puerto.
Los ojos del tiempo son voraces,
devoran toda sombra,
dejando sus blancos esqueletos
tras de sí.
Lleva bajo el brazo
el libro del cual arrancó la hoja
con la que hizo su nave.
Tomando nuevas hojas del libro,
crea una flota de naos
que coloca sobre las olas de la noche.
Hay vientos,
fieras con gaznates rugientes,
y que saliendo de sus cubiles,
con veloces patas,
se llegan hasta las arboladuras de los barcos.
Los barcos huyen de las fieras.
Hablo el lenguaje que todos entienden. Todas tus preguntas están respondidas. Mi relato es una corazonada que comulga con las cosas inmensas. No hay cosas pequeñas para mí; si tienes relatividad, es cosa tuya. |
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35.- ESPEJO |
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36.- CANDADO |
La quietud del agua
en una orilla del remanso
cuando no hay ondas.
Las frondas quietas,
los susurros apagados,
los labios cerrados.
La mirada mutua,
el mismo mohín,
la distracción propia.
La hoja escrita
por la propia mano,
con versos a medida.
Los escalones que conducen
al cuarto oscuro
de las sales fotográficas.
La maceta con la planta
que hay que regar a diario,
podarlo es necesario.
El caracol en su casa,
lanzando sus ojos
veloces más allá del camino.
Un pedestal en medio de la ciudad. Una caminata para el pestañeo. Una vieja pirámide, que algunos se empeñan en subir sus peldaños.
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¿Sabes lo que esconde esa puerta?
Una mesa,
una silla
y un enorme vacío.
Sobre la mesa hay un sobre,
en la silla sienta un reloj,
y el vacío suena a años.
En el sobre hay una carta,
el reloj marca un eterno presente,
y los años se desmenuzan en mixtura de minutos.
La carta está escrita,
el eterno presente es de ayer
y los minutos son de otro reloj.
La letra de la carta es femenina,
aunque puede ser masculina;
el ayer será de mañana;
y el reloj lleva guadañas rotantes que no rotan.
Masculino, femenino, una firma;
un garabato en el último renglón;
un garabato guadañado.
Un día de los trescientos y tantos de un año cualquiera. Una represa donde el torrente encharca.
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37.- TRUENO |
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38.- RÁFAGA DE VIENTO |
El estruendo del lápiz cuando escribe.
Lo mismo que ayer,
hoy diseña música a martillazos
sobre un yunque
que cuelga al estribo del caracol del sonido.
El caracol camina
lo que tenga que caminar;
todo depende de lo ancho y largo del oído.
El estruendo del lápiz cuando dibuja
la raigambre roja que nutre con su linfa
los ojos humanos;
la mirada.
La distancia cromática,
lejana o cercana,
depende de lo bueno de los ojos.
¿Quién rota sus manos con el viento? ¿Quién mueve las nubes con el fragor de una tormenta? ¿Quién arranca electricidad a las montañas?
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Una piedra que vuela
tan igual que una pluma.
La pincelada aquella
que las unta en los aires
con el color de los sueños.
El caño aquel,
que abierto,
deja salir un chorro fluido de arena azul
para perderse en el cielo.
Ayer hubo arena roja
que se disipó en toda la tierra.
Y hoy el viento es una combinación
de piedra y pluma
flotando sobre el manto del cielo.
Cuando anochezca
toda piedra titilará allá arriba,
y toda pluma será una nube más.
Los emisarios de la montaña.
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39.- ANCLA |
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40.- FOLLAJE |
La nave descansa
cuando la mar está quieta;
el cielo en ese momento
convierte las nubes
en bandadas de gaviotas.
La arboladura atada, son alas,
guarda todo su vigor
para el siguiente vuelo,
le espera la inmensidad,
alla afuera,
como un tablero de ajedrez
dispuesto para la partida.
¿Adonde esta vez?
Al interior... de un grano de arena.
Pedaleando sobre los pedrizcos de una playa blanca. Las llantas de mi vehículo escriben con la gramática de la velocidad.
|
|
Rumores de viento
cuando los pasos infatigables del río
abren su propia senda
y suenan.
Los cantos rodados
son las canicas
con las que el viento jugaba de párvulo.
Rumores de montaña
cuando su sólida cresta ha alcanzado el cielo,
luego resbala por su pared de ecos;
el valle es la placidez de la cumbre,
de la tormenta aún sonando, pero en silencio.
Rumores de alas de cristal,
cuando el artrópodo se ha convertido en una estrella
en la inmensidad de la noche;
titila oleadas electromagnéticas
en el frasco celeste del aroma estival.
Cruje la rama.
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41.- MIEL |
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42.- PASADO MERIDIANO |
La oscuridad es un destello de luz;
es una espora que debe abrir sus manos
para pintar con pinceles de garganta
la lluvia del color.
Debe ponerse a caminar entre
las luminosas miríadas de polen
dispersas en la bóveda del cielo
que aún no existe.
La música de la linfa,
en la aorta del primer corazón,
es la composición suya
que primero escribe
antes de estrenarla.
El primer manantial luego correrá
ancho como una corazonada
que abre los ojos pletóricos de mar.
Un cuadrúpedo descansando en la puerta de su casa. Dime, ¿en qué sueña? ¡En el fruto maduro del estante!
|
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Es el reloj pulverizado,
que alguien sacó de su frasco de la semana,
espolvoreado
entre los adoquines del pavimento
como la sazón de un alimento.
Sí, la tarde es una naranja pulverizada
que se escurre
entre las junturas de los adoquines
para decantar sus sonidos de reloj al borde del camino.
Un carruaje, cuando los caballos descansan. Es el momento en que el mensajero duerme la siesta, ¿en qué sueña? Sueña en el cañaveral, en la caña, en el quijote que echa abajo los molinos de la hiel por el de la miel.
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43.- OJOS |
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44.- CARRIL |
Dos manos dentro de los bolsillos
empuñando los minutos
de un reloj de arena.
Las manos hablan para sí,
dicen entre sí,
tras las cataratas
de los párpados
lo que los demás no deben saber.
No, ¡que va!
si las manos salieran de los bolsillos
arrojarían una tormenta de arena.
¿De cuántas manos hablo, de dos?
que parco,
¿cuántas manos pueden empuñar una hora
o todas las horas del día?
Una calle y muchas miradas. Todas las miradas conducidas por un timón.
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Tus pies,
tantos son:
el de hoy,
el de ayer,
el de mañana.
Los días hincan sus raíces en las horas nocturnas,
y extienden sus ramas en las horas diurnas;
son el carril extendido hacia el horizonte de la erosión;
lo sabes,
como sabes que los ácidos de la intemperie solo/ digieren
las huellas de las raíces que no fosilizan.
Tus pies,
y su largo recorrido:
tendido en el extenso territorio de la inercia.
Aquella inercia que rota alrededor de las estaciones
en las que viajan plácidamente los sueños
de los colosos disueltos en el dormir.
Una abeja surcando los aires. Ha dejado la colmena y volverá a ella cuando el sol se lo sugiera o cuando tenga el buche lleno de miel y los corbículos cargados de polen. Zumban sus alas.
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Reservados todos los derechos.
Copyright © Raúl Huayna |
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